13 de agosto de 2021
Me causa algún malestar la constante de pensar, imaginar, representar a Tenochtitlan como teatro de la Conquista, pensar Tenochtitlan (y con ella toda Mesoamérica) sólo desde el hito de su destrucción. Es una constante que estimo empobrecedora, aunque hoy lo conmemoro.
Pienso que deberíamos ser capaces de pensar, imaginar un mundo, una circunstancia humana u horizonte en el que la llegada o presencia de los europeos no sea una nota sustantiva, tener elementos para sostener esa visión de manera más continua y frecuente… pensar, habitar en un imaginario a Mesoamérica (sé que el concepto de Mesoamérica está a debate, pero sirve al momento).
Cierto que nos demanda un esfuerzo como el de hacer viscos. La primer dificultad es la de vivir dentro de la narrativa y tradición europea; la segunda dificultad, la pérdida de memoria y registros de los pueblos mesoamericanos.
Hay elementos vivos y fuentes documentales que perduran, que son puntos de referencia para “imaginar” ese mundo. Pero, en mi perspectiva, hemos aprovechado poco esa urdimbre para establecer en la cultura e imaginario popular una visión familiar.
El medioevo europeo, por ejemplo, es algo sobre lo que creemos poder transitar en la imaginación. Nos sentimos familiarizados con el sistema religioso, las instituciones, con tipos de personajes, con los oficios y tecnologías, los símbolos, con la economía, la arquitectura y sus funciones, el tipo de conflictos, los prejuicios, el sistema de conocimientos, etc. Tenemos nociones, acaso estereotipos. Puede ser una imagen falsa, como la de una pastorela, pero creemos ver un mundo así y sentimos que es transitable.
Pero echarnos a andar en la imaginación por una provincia de lo que llamamos Mesoamérica nos resulta como andar a tientas en la oscuridad (tal vez me engaño).
Difícilmente podemos “imaginarnos ser" una persona mesoamericana; y me temo que, si en esa fantasía nos encontráramos con una, sería aún semejante a aquella de las crónicas europeas, una incógnita, oscura en sus intenciones, motivaciones, costumbres, criterios, orden de ideas o valores. Diría que, adentrados en esa fantasía, como un Jerónimos de Aguilar, aspiraríamos a reencontrarnos con gente de castilla. La gente de Mesoamérica se nos quedó siendo ajena; a mestizos, eurodescendientes y, tal vez, hasta para los mismos grupos indígenas contemporáneos.
El asunto es de construcción cultural, pienso.
EL PROBLEMA (Y ESTOY ENSAYANDO) NO ES QUE TRADICIONALMENTE TENGAMOS MUCHO CONOCIMIENTO HISTÓRICO DE EUROPA Y POCO DE MESOAMÉRICA, O QUE SEA IRRECUPERABLE UN CONOCIMIENTO DETALLADO DEL MUNDO MESOAMERICANO, que permita figurarlo.
A decir verdad, si no somos historiadores o filólogos, lo que vulgarmente sabemos “del mundo antiguo” occidental lo sabemos por el cine y la televisión (ya ni por la literatura). Que ese cine tenga contacto con la “ciencia histórica” en un sentido importa y en otro es irrelevante. ¿Qué quiero decir? Que hay personas que se mueven imaginariamente con familiaridad en el universo StarWars, de modo que EL CONTACTO "CIENTÍFICO" NO ES CONDICIÓN PARA LA ELABORACIÓN DE UN MUNDO FAMILIAR.
Creo que LA FAMILIARIDAD NO DEPENDE DEL RIGOR CIENTÍFICO (HISTÓRICO), y CREO QUE HAY SUFICIENTE MATERIAL "CIENTÍFICO" O HISTÓRICO COMO URDIMBRE para completar algunas tramas, ajenas a la recreación infinita de la caída de México-Tenochtitlan, y que saquen a la gente de Mesoamérica de ser eternamente oscuros y otros.
Ilustro esta nota con las portadas de unas publicaciones infantiles de FCE. En lo literario, como cuentos, no me parecen buenos; pero cumplen con su función primordial de contar una historia humana, y me gustan mucho por esa voluntad de sumergirte en aquellos mundos, de imaginar vívidamente a partir de lo que, "en rigor", se sabe.


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