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martes, 4 de agosto de 2026

Nota sobre los antagonismos

 4 de enero de 2026

"Así que ni valía la pena de haber bajado; haberse metido entre aquellos hombres como en un agujero, para ya no volver a salir."

(Diles que no me maten, Rulfo)

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En “Diles que no me maten” recuerdo expuesta una experiencia límite que considero útil para pensar los antagonismos. Me refiero a ese caso en el que alguien se sabe en la irremediable vía de morir a manos de unos desconocidos y le ocurre, por un momento, abstraerse de la circunstancia para entrever en ellos una voluntad que no tiene por necesidad (y sólo de manera accidental) el atributo de ser su verdugo ("podía hasta imaginar que eran sus amigos, pero no quería hacerlo. No lo eran").

Traigo esos casos o experiencias límite a cuento, porque nos ubican en ese instante detenido donde nos preguntamos cómo nos adentramos y llegamos a ello. Y sabemos que un laberinto de rara materia, que cabe entre un "hombro con hombro", nos cierra ya el paso e impide desandar el antagonismo.

Contrasto esos casos con otros casos, no límite sino escalonados, en los que las vías de la comunidad o confrontación se abren o cierran: esos casos en los que la valoración de un abuso llega a ser un consenso que deslegitima y desarma una práctica, o legitima y habilita otras. Por ejemplo, el caso en que alguien expone una intención, en otro tiempo o circunstancia admisible, pero recibe en coro un “¡no mames!” que le cierra el camino, que inhibe socialmente la opción, porque el consenso ha cambiado.

Desde luego, en ese escalonamiento, el camino de subida y bajada es uno y el mismo, y ocurre también lo contrario: que lo inadmisible se vuelve admisible.

Como sea, cuando uno piensa en ese laberinto intraspasable que determina los antagonismos, podemos pensar en todos los graduales consensos que lentamente pudieron adoptarse para llegar o no a ello, para empujar o no, ya necesariamente, la hoja de uno dentro del pecho del otro.

(corto unos párrafos que espero corregir y regresar. O punto y lo demás será a parte)

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Fragmento del “Diles que no me maten”:

“Luego, como queriendo decir algo, miraba a los hombres que iban junto a él. Iba a decirles que lo soltaran, que lo dejaran que se fuera: “Yo no le he hecho daño a nadie, muchachos”, iba a decirles, pero se quedaba callado. “Más adelantito se los diré”, pensaba. Y solo los veía. Podía hasta imaginar que eran sus amigos; pero no quería hacerlo. No lo eran. No sabía quiénes eran. Los veía a su lado ladeándose y agachándose de vez en cuando para ver por dónde seguía el camino.

Los había visto por primera vez al pardear de la tarde, en esa hora desteñida en que todo parece chamuscado. Habían atravesado los surcos pisando la milpa tierna. Y él había bajado a eso: a decirles que allí estaba comenzando a crecer la milpa. Pero ellos no se detuvieron.

Los había visto con tiempo. Siempre tuvo la suerte de ver con tiempo todo. Pudo haberse escondido, caminar unas cuantas horas por el cerro mientras ellos se iban y después volver a bajar. Al fin y al cabo la milpa no se lograría de ningún modo. Ya era tiempo de que hubieran venido las aguas y las aguas no aparecían y la milpa comenzaba a marchitarse. No tardaría en estar seca del todo.

Así que ni valía la pena de haber bajado; haberse metido entre aquellos hombres como en un agujero, para ya no volver a salir.

Y ahora seguía junto a ellos, aguantándose las ganas de decirles que lo soltaran. No les veía la cara; solo veía los bultos que se repegaban o se separaban de él. De manera que cuando se puso a hablar, no supo si lo habían oído. Dijo:

-Yo nunca le he hecho daño a nadie -eso dijo. Pero nada cambió. Ninguno de los bultos pareció darse cuenta. Las caras no se volvieron a verlo. Siguieron igual, como si hubieran venido dormidos.

Entonces pensó que no tenía nada más que decir, que tendría que buscar la esperanza en algún otro lado. Dejó caer otra vez los brazos y entró en las primeras casas del pueblo en medio de aquellos cuatro hombres oscurecidos por el color negro de la noche.”




Posición política

 29 de mayo de 2026

Tendemos al autocuidado. Adoptamos la opinión que nos haga sentir más seguros, exentos de ser tonteados y muy capaces de tontear a otros. Olemos el miedo, la vergüenza, y tiramos en sentido contrario, siempre menos razonádamente de lo que creemos.. Eso determina nuestras posturas y opiniones políticas, sobre todo. Por eso la guerra es de pastelazos, de humillaciones, de tildarnos de ignorantes o de torpes morales, de anularnos.

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“¿Tú crees que me importa la opinión de un wey que se faja el pantalon a media panza?” me dijo un compañero de la FFyL cuando en un pasillo intenté argumentar a su favor, tras una controversia que tuvo en aula con otro compañero que se fajaba el pantalon encima de la primer costilla. Reí mucho, tánto que ya jamás tomé en serio a nadie que se faje el pantalón a media panza. Pero así funciona. Hay muchas fuentes de persuasión.

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Lo más cómodo es declararse tan astuto que nunca nos engañarían. La política es compleja y más vale no dejar flancos abiertos, no apostar o declarar confianza en nada.

O podemos tomar postura, reduciendo a la nada y de raíz a la persona de opinión contraria, de manera artera, acusando su ignorancia o incapacidad moral. Hay que tontear primero y contundentemente a otros para no ser tonteable por tontos... que "los patos no tiren a las escopetas".

No son todas las alternativas de posicionamiento. Pero si no es el esceptisismo o el sectarismo, tomar posición (contra natura) duele como una resignada inyección de nalga.

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Publico esto para decir que el domingo iré a hacer masa en la calle, al llamado de la Presidenta. Cosa de mandar el mensaje al intervencionismo norteamericano de que el gobierno federal tiene respaldo público importante.

Con todas las objeciones, para mí es claro en qué punto de la balanza hay que estar, de cara a futuros posibles.





De revocaciones, consultas y motines

 17 de mayo de 2026

En toda supuesta democracia, los gobernantes (representantes de una mayoría) encuentran frenos a sus acciones, aunque sean esas acciones avaladas por sus votantes.

En parte, este límite sería el constitucional. Pero también hay límites que una facción política o sector poblacional no toleraría se vulneren ni con la ley en mano; cuya transgresión suscitaría consternación y le alentaría a romper el pacto político (actuar fuera de las leyes y de los marcos democráticos).

El establecimiento de esos límites en amplios segmentos poblacionales (como un “sentido común”) es campo de una previa batalla mediática y cultural.

Cuando se rebasan esos límites, el sector poblacional que los interioriza “siente” que el gobierno es ilegítimo, “siente” razonable la protesta, el paro, el motín, la rebelión, simpatiza con las facciones que se lanzan a una ruta de enfrentamiento, avala las acciones incluso violentas. Adoptará cualquier relato y embalaje jurídico que solape la resistencia.

Todos los gobiernos, de izquierda o derecha, tantean ese límite en su ecuación de “gobernabilidad”. Aun teniendo facultades legales y un respaldo de la mayoría, tientan cuánto pueden empujar allí o allá, sin facilitar la formación de una “base” opositora que se resienta y se sienta legitimada, impelida y con oportunidades, para apostar por el motín, el golpe de estado o la guerra civil.

El espectáculo de un motín (de un sector robusto no necesariamente mayoritario pero dispuesto a la confrontación ante la superior fuerza represiva del Estado) suele reblandecer la legitimidad de un gobierno democrático. Más aún cuando el Estado se cobra la primera sangre que lo convierte publicamente en victimario.

Desde luego, la capacidad de las oligarquías para tumbar un gobierno, dar un golpe de estado o de emprender una guerra civil es mucho mayor que las de las clases populares (aunque requieran alguna pantalla de popularidad, aun como construcción mediática).

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Todo lo anterior es para contextualizar y expresar mi simpatía hacia los amotinados que exigen la renuncia del presidente boliviano, democráticamente electo.

Pero también pensando en el caso argentino, o en las "metáforas de campaña" del presidente chileno, el problema de los cheques en blanco, casos que hacen pensar en la conveniencia de las revocaciones y consultas...

Foto robada de infobae.





El lobby y El Golem

 26 de junio de 2025

La ambígua y timorata postura del Estado mexicano (de la Presidenta) ante la “limpieza étnica” operada por el colonialismo sionista me parece indicio de que "existe" ese poder capaz de definir las narrativas y la politica internacionales desde lo profundo y tras bambalinas.

Puede que no exista en el modo en que la "conspiranóia" lo concibe, puede que no haya un centro o único grupo articulado globalmente, y que sean múltiples y dispersos actores o celulas filiales. Pero, la escandalosa complicidad de los representantes políticos “occidentales” ante el genocidio parece constancia de su “existencia” e influencia (aunque desde su discurso hegemónico los pro-sionistas atribuyan esa coincidencia a la “razón”).

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"En teoría", con un pronunciamiento adverso al colonialismo israelí, México se arriesga a que el “mundo financiero” le juegue en contra, al boicoteo político en lo interno y al intervencionismo desde el vecino norte, por todos sus medios. En teoría, por eso la cautela y cambio de la conversación.

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¿Por qué los interéses de Israel son los interéses de nuestro vecino EUA?

Supongo que, para explicar esa articulación de interéses (en el grado que el genocidio revela) no basta decir que Israel es un “portaaviones” norteamericano; o que Israel es un peón para desestabilizar, debilitar y controlar parciálmente la región. Tampoco me lo explico sólo por la articulación "teológica" del sionismo con el fanatismo cristiano-evangélico que, en el país de los excesos de la carne, parece dominar el fuero interno de sus políticos. Jamás lo explicaría por una “cuestión de principios”, como defensa de la democracia, la libertad o la civilización. Puede ser que algo de todo haya (menos la cuestión “de principios”).

Personalmente, estoy entre los que se inclinan a pensar que el aparato político y militar Norteamericano es el que está alienado y alineado hacia el interés de Israel como un Gólem (y no al revés). Me inclino a pensar que el catalizador de esta subordinación es la posición que tienen parte de los sionistas y los pro-sionistas en la propiedad del capital mundial y sus instituciones. Pero no lo reduzco. El asunto me parece complejo. No comprendo.

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Pero esta nota la hice porque quería expresar mi opinión (con la pena de mostrarme xenófobo y conspiranóico) de que algo como “El Lobby” (o los lobbys) sionistas o pro-sionistas “existen”, y de que hay que sopesar su poder y la dirección a que conducen de manera parcial la política internacional y las políticas nacionales. Esto resulta pertinente frente al genocidio palestino y la cercanía de una guerra radioactiva.

Quizá no podamos hacer gran cosa desde nuestra cotidianidad de “esquina bajan”. Pero un perifrástico “llegar a dejar de ser colaboracionistas involuntarios" pasa por un infinitivo "hablar de ello". Y hay que condenar la postura ambígua de nuestra representación política, de la Presidenta, e inconformarse con el pragmatismo que lo explica.





Soberanía

 1 de abril de 2025

Decisiónes como las arancelarias del gobierno de los USA son controversiales, pero caben dentro de las decisiones de una “soberanía”.

Se viola un pacto o convenio o contrato vigente, el del Libre Comercio, sí. Pero, si un contrato hiciera explícito que restringe la soberanía, también sería claro que la limitación de la validez es del contrato y nunca de la soberanía...

El debate de fondo, pues, es si hay o si se reconoce un “núcleo” que ningún contrato puede comprometer o embargar respecto a un contratante. Y si hubiere un núcleo (o si se entiende que “conviene” o si “se reconoce”), el tema es cuál su amplitud y detalle.

Podemos recordar el caso de las viejas tiendas de raya en las haciendas mexicanas, o el reciente debate sobre si los bancos podrían cobrarse un adeudo directamente de la nómina de un trabajador, como ejemplos.

Si se establece un contrato o pacto que compromete o involucra el “núcleo”, queda entendido que eso es una “apuesta de buena fe” de ambas partes. Traicionado el contrato, sólo resta retirar la confianza o fe. Se retira el crédito.

Las indemnizaciones, como atenuante de una afectación, se comprenden también en función del “núcleo”. No podrían tocarlo...

Pero el poder, aunque se articula de una suma de virtualidades (meras creencias), impone realidades. El poderoso puede romper los pactos, cobrarse afectaciones ignorando cualquier límite, puede incluso inventar agravios o adeudos, cobrar piso.

No se puede no recordar la Guerra de los Pasteles. Los cañones de los buques nunca han dejado de apuntar a Veracrúz. Están anclados en nuestra "psique".

El poder puede “cobrarse a lo chino” (no sé de dónde viene la expresión). Y, para una interpretación de los límites, el poder siempre tendrá otra definición o ninguna a cambio.




Nacionalismo

 2 de enero 2026

La identidad es una cosa rara por la que la gente puede morir y matar. Y mueve a la fraternidad igual que al sometimiento irreflexivo y a la “deshumanización”. Es navaja de doble filo.

Digo eso abriendo tema para expresar mi opinión (que nadie pide y menos este día) favorable al “nacionalismo”, ese caballo viejo que se estima caduco en muchos terrenos. Pues la idea de un ser humano cosmopolita, universal, cuyo territorio es la vanguardia material y cultural de los tiempos, es atractiva.

Pero creo que el nacionalismo, como fenómeno de identidad y navaja de doble filo, a pesar de sus riesgos y a sabiendas, vale y aún conviene.

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Creo que el nacionalismo vale si, bajo el ramaje de las costumbres, los mitos y el folclore identitario, subyace el tronco de una vocación y proyecto histórico-político (ético, al fin) que concita.

O, mejor dicho, la cualidad y valor de una vocación o proyecto histórico-político daría valor a un nacionalismo. Si no lo hay, el nacionalismo es... anodino. Y si lo hay, pero el proyecto es "ojete", es un nacionalismo ojete. Eso creo.

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Y es que, a pesar del transito global de materias y capital, estamos muy lejos del fin de las fronteras o de la dispersión de un “universalismo” que no sea colonialismo.

Los supremacismos están vivitos y repartiendo coletazos, y los capitales (y con ellos los más devastadores ejercitos) están alineados.

Además, en las viejas naciones desarrolladas (colonialistas), en sus poblaciones y liderazgos, se ha vuelto recurrente la idea de que peligra su identidad y “forma de vida”, sus valores y la mismísima “civilización” (entre otros peligrosos temores).

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Personalmente, creo que sí debemos seguir disputando internamente el consenso de una vocación y proyecto histórico nacional, y que sí debemos cultivar un nacionalismo “nucleado” en torno (sin vergüenza de incurrir en un "anacronismo"), para el difícil tránsito. Porque los tiempos entrantes requieren horizonte.

(foto robada de la red que me costó trabajo rencontrar)



Matar

 22 de marzo de 2025


Todos tenemos una línea tras la que convalidamos la aniquilación del otro. Y con la misma inocencia con la que el común piensa que la propiedad es consecuencia o fruto del trabajo; con esa misma inocencia creemos que ese límite asesino es de alguna “legítima defensa”. Quedamos tranquilos.

El círculo de "lo que somos” y que sería defendible a ultranza tiene muchas capas difusas, “subjetivas” y culturales. A la defensa respecto de nuestra integridad orgánica, física, se agregan necesariamente otras esferas: la dignidad, propiedad, los derechos, la esfera de influencia, la posición, las oportunidades, la seguridad estratégica, los privilegios, el mérito, los valores, la identidad, el relato, el modo de vida, etc.

Uno es el límite en el que mataríamos, otro es el límite en el que admitimos que “se mate”. En este último caso, admitiríamos la “eliminación” de un “ellos” tipificado (quizá infrahumano). Pero una vez que admitimos que “se mate", admitimos incluso participar si no hay un perjuicio “instrumental”.

Supongo que el mundo, por la tensión respecto a los recursos hídricos, alimenticios, energéticos, los mercados, las hegemonías, desigualdades, la sobrepoblación, el consumo, etc. se interna ampliamente en un periodo en que los grupos humanos redefinirán quién puede o debe morir (porque siempre ya se ha decidido, se quiera o no, como transfondo de cualquier orden).

Las justificaciones son casi un acto reflejo, casi instinto, que nos convendría que fuese dilatada reflexión.





Nota sobre los antagonismos

 4 de enero de 2026 "Así que ni valía la pena de haber bajado; haberse metido entre aquellos hombres como en un agujero, para ya no vol...