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martes, 4 de agosto de 2026

Venezuela, Bolivia

 2 de agosto de 2024

Con el propósito de aclarar mi posición frente al golpe de Estado en Bolivia, durante 2019, empecé por decir “... creo que, para ser honesto y ver si por ahí inteligente, debo reconocer que hay golpes de Estado que ‘me gustan’ y golpes de Estado que no; y hay dictaduras que repudio y otras que sólo lamento. Los golpes de Estado que me gustan son los que suelen terminar llamándose ‘revolución’. Las dictaduras que lamento, y repudio menos, son las que ponen candados a la reacción ante las revoluciones.”

No hay blanco y negro, y hay posiciones grises que en los balances uno está inclinado a defender, a ponderar sus contradicciones y contraejemplos para no asentir a todo el planteamiento contrario derribando todo el propio.

Muy pocos quieren hablar a favor del bolivarismo venezolano, si la publicidad insiste en pintarnosla dictadura y notamos en las calles el éxodo.

No puedo tener ninguna simpatía por la oposición al llamado bolivarianismo venezolano.

En parte, porque un triunfo de esa oposición es el triunfo de las prácticas de sanción y aislamiento económico que las elites mundiales dirigen a los Estados que afectan sus interéses y dan el “mal ejemplo”, dificultandoles el desarrollo económico y propiciando el malestar de las poblaciones ante los proyectos sociales, políticos y económicos de aliento socialista.

En otra parte, porque un triunfo de la oposición al bolivarianismo venezolano y la imposición de su discurso, que es el hegemónico, suma otro obstáculo para las posiciones críticas de los excesos del capitalismo y la sociedad de mercado, un obstaculo para abrir el futuro.

Me he resistido a usar y repetir mecanicamente el término “Venezuela” como ejemplo “lo peor”, que es lo que han querido los medios pagados por los grandes interéses económicos. Y han tenido buen éxito.

Entiendo y no la conviccón de que no hay alternativas al capitalismo y la sociedad de mercado. Si el capitalismo y la sociedad de mercado es un “principio de realidad”; hay que entender lo que significan esos “principios de realidad”. La autoridad de los reyes, por ejemplo, fue alguna vez un “principio de realidad”.

Fin de esta nota. Pero ahora que los hechos están calientes, diré que entre peras y manzanas, le llamo "intentona de golpe en progreso" a los hechos en Venezuela. Y "régimen" pero no "dictadura" al bolivarismo venezolano.






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