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martes, 4 de agosto de 2026

De revocaciones, consultas y motines

 17 de mayo de 2026

En toda supuesta democracia, los gobernantes (representantes de una mayoría) encuentran frenos a sus acciones, aunque sean esas acciones avaladas por sus votantes.

En parte, este límite sería el constitucional. Pero también hay límites que una facción política o sector poblacional no toleraría se vulneren ni con la ley en mano; cuya transgresión suscitaría consternación y le alentaría a romper el pacto político (actuar fuera de las leyes y de los marcos democráticos).

El establecimiento de esos límites en amplios segmentos poblacionales (como un “sentido común”) es campo de una previa batalla mediática y cultural.

Cuando se rebasan esos límites, el sector poblacional que los interioriza “siente” que el gobierno es ilegítimo, “siente” razonable la protesta, el paro, el motín, la rebelión, simpatiza con las facciones que se lanzan a una ruta de enfrentamiento, avala las acciones incluso violentas. Adoptará cualquier relato y embalaje jurídico que solape la resistencia.

Todos los gobiernos, de izquierda o derecha, tantean ese límite en su ecuación de “gobernabilidad”. Aun teniendo facultades legales y un respaldo de la mayoría, tientan cuánto pueden empujar allí o allá, sin facilitar la formación de una “base” opositora que se resienta y se sienta legitimada, impelida y con oportunidades, para apostar por el motín, el golpe de estado o la guerra civil.

El espectáculo de un motín (de un sector robusto no necesariamente mayoritario pero dispuesto a la confrontación ante la superior fuerza represiva del Estado) suele reblandecer la legitimidad de un gobierno democrático. Más aún cuando el Estado se cobra la primera sangre que lo convierte publicamente en victimario.

Desde luego, la capacidad de las oligarquías para tumbar un gobierno, dar un golpe de estado o de emprender una guerra civil es mucho mayor que las de las clases populares (aunque requieran alguna pantalla de popularidad, aun como construcción mediática).

*

Todo lo anterior es para contextualizar y expresar mi simpatía hacia los amotinados que exigen la renuncia del presidente boliviano, democráticamente electo.

Pero también pensando en el caso argentino, o en las "metáforas de campaña" del presidente chileno, el problema de los cheques en blanco, casos que hacen pensar en la conveniencia de las revocaciones y consultas...

Foto robada de infobae.





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