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martes, 4 de agosto de 2026

Matar

 22 de marzo de 2025


Todos tenemos una línea tras la que convalidamos la aniquilación del otro. Y con la misma inocencia con la que el común piensa que la propiedad es consecuencia o fruto del trabajo; con esa misma inocencia creemos que ese límite asesino es de alguna “legítima defensa”. Quedamos tranquilos.

El círculo de "lo que somos” y que sería defendible a ultranza tiene muchas capas difusas, “subjetivas” y culturales. A la defensa respecto de nuestra integridad orgánica, física, se agregan necesariamente otras esferas: la dignidad, propiedad, los derechos, la esfera de influencia, la posición, las oportunidades, la seguridad estratégica, los privilegios, el mérito, los valores, la identidad, el relato, el modo de vida, etc.

Uno es el límite en el que mataríamos, otro es el límite en el que admitimos que “se mate”. En este último caso, admitiríamos la “eliminación” de un “ellos” tipificado (quizá infrahumano). Pero una vez que admitimos que “se mate", admitimos incluso participar si no hay un perjuicio “instrumental”.

Supongo que el mundo, por la tensión respecto a los recursos hídricos, alimenticios, energéticos, los mercados, las hegemonías, desigualdades, la sobrepoblación, el consumo, etc. se interna ampliamente en un periodo en que los grupos humanos redefinirán quién puede o debe morir (porque siempre ya se ha decidido, se quiera o no, como transfondo de cualquier orden).

Las justificaciones son casi un acto reflejo, casi instinto, que nos convendría que fuese dilatada reflexión.





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