7 junio 2020
En el esquema de pensamiento “urbano”, nos comprendemos como un aglomerado de individuos, inquilinos o propietarios de los espacios, unidos por la demanda servicios públicos y la participación contractual en las actividades económica y el mercado.
En lo inmediato, pensamos todo asunto en términos de contractualidad entre individuos, incluso la relación con el Estado, que en lo inmediato se nos presenta como un empleado “intendente” que cuida la puerta, barre, jardina y repara las fugas de agua.
Cuando pensamos en la articulación del desarrollo económico nacional, una y otra vez nos encontramos con la tensión entre este esquema y otros persistentes en las comunidades menos integradas económicamente.
La integración de una región “no integrada” en el desarrollo nos supone su integración en un mercado y cadena productiva mayores… es decir, externos. Siempre se plantea en términos de “multiplicación” de las relaciones contractuales entre individuos, e “introducción” de inversiones, de nuevos propietarios que establecen relaciones contractuales asimétricas con los pobladores originales.
Esto es lo que duele.
Las consecuencias de esta intervención en los territorios transfigura la experiencia del territorio y la colectividad. Cosas relevantes cambian, como los términos del sentido de pertenencia y de identidad.
* * *
Ahora bien... las transformaciones en el sentido de pertenencia y de identidad no son necesariamente negativas. Y hay que decir que son procesos sociales o históricos "naturales". Pero los procesos de "integración" territorial siempre han replicado y enconado nuestro racismo y clasismo fundacional. Debe haber maneras de integración más...
No hay comentarios:
Publicar un comentario