17 octubre 2020
Las personas que "se toman en serio" (que no se sienten “de segunda”, que toman en serio su humanidad, que creen leer la Matrix) pueden hacer, participar y modificar instituciones.
Si no, no.
No digo que haya humanidad de primera y de segunda. Digo que hay quien creció en la confianza, quien se hace de confianza, y quien creció y es confinado a la desconfianza (como que hay racismo, clasismo, y colonialismo, por ejemplos)
Los que crecieron en la desconfianza, desde siempre designados a al otro lado de la barandilla donde atiende el poder, ven al mundo como un tejido cerrado de instituciones desvinculadas de la toma de alternativas humanas, de voluntades personales. Todo es destino o fatalidad.
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Una institución es un juego: es una convención sobre los participantes, sus roles, un espacio, las reglas, las funciones, las responsabilidades. Una institución es un Estado, una escuela, un negocio, un club, un colectivo, un sindicato, grupo político, una estructura administrativa, asociación, organización, etc.
Las personas “que se toman en serio” suelen hacer, participar, criticar y modificar instituciones.
Lo ven claro: el cosmos de las instituciones no puede tener dimensión mayor que la humana (las persona son en esa dimensión cósmica).
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No digo que las personas que hacen e intervienen en las instituciones son, por ello, virtuosas. Es otro tema.
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En la construcción y participación de instituciones se construye y participa del poder.
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