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sábado, 20 de febrero de 2021

VIOLENCIA Y PROYECTO HISTÓRICO

 16 junio 2020 

En algún momento, hace años, llegó a mis oídos el término de “violencia estructural” (de la mano del de "violencia cultural"). Honestamente, no me he ocupado de averiguar su procedencia. Y, aunque algo del término no me agrada, le he reconocido mucha utilidad.

Personalmente, he acabado por usar sólo el término de "violencia estructural" para hablar también de la cultural; y lo empleo para señalar de manera general a la violencia "impersonal"; es decir, a todas aquellas chingaderas por las que difícilmente alguien puede ser señalado responsable.

Es, por ejemplo, el desempleo crónico del que nadie responde; o la solicitud de “buena presentación” para un puesto que la requiere (por costumbre o marketing) y que solapa la discriminación étnica, etc.

Es la violencia que se consolida con la técnica y la costumbre, y se tolera como a la  naturaleza o realidad misma, pero que tiene soporte cultural, es decir en el ámbito del albedrío.

Digo esto porque he estado pensando sobre las lecturas y proyectos históricos ...y creo que, para no quedar en el silencio y empezar por decir algo, me resolvería por articular una lectura de la historia y el proyecto mexicanos sobre la base de esta noción de "violencia estructural".

*   *   *

Yo comprendo que es “de mal gusto” cultivar el “complejo de víctima" que es el complejo nacional. Y mi aspiración de lucir como persona inteligente y madura me pide guardar las apariencias. ...Pero, honestamente creo que la instalación del régimen virreinal sigue explicando, además de la unidad territorial y poblacional, los rasgos más particulares de la violencia estructural mexicana.

En este sentido, contra el buen sentido, creo que la narrativa mexicana no puede abandonar en el territorio de lo trivial al episodio fundacional de las conquistas.

Insisto: México, su concepto o unidad, es un desarrollo del proyecto administrativo, económico y político de la Nueva España.

La violencia estructural novohispana rompió la continuidad de la violencia de los pueblos originarios e instaló la suya. La violencia estructural mexicana comienza su narrativa con ese rapto del orden cósmico (religión, lengua, tierra, memoria, estatus ontológico-antropológico) que fue la invasión europea de mesoamérica; y es hasta nuestros días continua, a pesar de los decretos reformistas y revolucionarios del México independiente.

Me parece necesario reconocer que la violencia propia de los pueblos originarios pudo integrarse parcialmente en el sistema virreinal y pervivir en las costumbres de las comunidades. Pero le apuesto más a la integración de este reconocimiento que a la prohibición de recurrir al sistema virreinal como principio narrativo y explicativo de "la cosa" mexicana.

*   *   *

Pienso... que la resolución de la violencia estructural mexicana es lo que conviene establecer como vocación histórica. Y con decir “mexicana” no me refiero sólo a los rasgos de su “diferencia específica”, sino también a sus rasgos genéricos. Con nuestras diferencias específicas, estamos inmersos en un modelo civilizatorio más o menos global. El proyecto histórico (pienso) no debería ser otro que asumir la responsabilidad sobre la violencia estructural propia del modelo civilizatorio, sin descuidar del centro la especificidad de la violencia  “mexicana”.

Supongo.


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