24 mayo 2020
Cuando en una discusión con mi amigo Guillermo me vi diciendo que “la política debe usar a la retórica incluso como método de investigación” me supe cruzando una línea antes para mi impensable.
¿La ciencia en manos de la retórica?
Acaso no debería sorprenderme, si llevo rato defendiendo la necesidad del demagogo.
En todo caso, debo admitir que estas dos afirmaciones bastan para que otro piense, con razón que comparto, que soy caso perdido.
Como sea, tengo un vago convencimiento sobre estas afirmaciones, que me obliga a investigarme, excusarme y volverme transparente lo más que pueda.
¿Qué se me estaba ocurriendo cuando dije que la retórica podía ser método de investigación?
Lo inmediato es que, como si se tratara de una vara horqueta para buscar agua subterránea, la voluntad de persuadir (o la impotencia al respecto) nos puede orientar hacia los lugares dónde hay que investigar. La retórica no suple la investigación, pero si nos marca lugares de investigación pertinente; en la suposición de que ahí habrá un puente, y que donde hay un puente hay alguna "verdad".
También puedo haber querido decir que… no se debería emprender una reflexión o investigación desde una “verdad” privada o sectaria, ni conviene seguir adelante sin investigar aquellos lugares (criterios) dónde advertimos que nos dividimos.
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No quiero... haber querido decir... que hemos de subordinar la investigación a la necesidad de dar apariencia de ciencia a nuestro prejuicio; esto que reconocemos como “ideología”.
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Aunque... esta confusión y enmascaramiento (la apariencia científica de nuestro prejuicio), sin proponérnoslo, sucede y sucederá.
Recuerdo que escribí alguna vez, respecto al método poético del Creacionismo (Huidobro), que para éste "lo primero primero es dar un paso, pero antes antes meterse el pie": es la única manera de desandar la vía trillada de "hablar del mundo", de dejar de cantar a la rosa para que florezca en el poema.
Y sólo así, de manera semejante, nos curamos un poco de hacer ideología grosera; sospechando de cualquier impulso.
Pienso, de hecho, que no puede haber investigación sobre política que no se emprenda desde la ideología o transite por ella.
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Pienso ahora… en los derechos humanos… esa rara convención... ¿no son ideología? Decir que sí (como me lo parece ) no debería amenazarlos o hacernos desistir de discutirlos con seriedad "científica".
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… ¿hay ciencia política que no sea ideológica?
Si digo (como quiero decirlo) que toda ciencia política es ideológica, seguiré necesitando un criterio paralelo; pues... la ciencia ha de ser ideológica en un sentido; porque la ideología no es científica en otro sentido.
Lo diré así: a la ciencia política no le falta nada para ser ideología, pero a la ideología si le falta algo para ser ciencia.
El carácter ideológico de la ciencia estriba en que esta contemplará algún valor sobre el que se toma decisión o alternativa (siendo tomada esta decisión según un criterio que nos parece satisfactorio, acaso científico). El carácter ideológico está en la "decisión" sobre un valor, no en lo "insatisfactorio" de esta decisión.
Pienso que... un componente de cualquier ciencia política será cierta teoría del valor , muy velada o muy expresa. Y si al valor lo unificas, (me parece) harás ideología; y si “lo dejas libre”, admites ideologías. Puede ser.
Acaso lo neutral sea la admisión de la validez de las ideologías, la plurivalencia. Y lo objetivo sean los criterios de disensión, y los márgenes de negociación entre ellas.
Y así vengo a excusarme de que la retórica pueda ser método. Somos terribles.
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