4 junio 2020
Yo lamento que, al hacer “zoom” en el google maps (visión satelital), los potreros y las manchas urbanas deshagan nuestra ilusión de que “hay selvas”.
Ya está hecho. No tuvimos Texas y California y nos quedó el Sureste como campo de colonización. Muchos se desplazaron en el siglo XX a reclamar sus hectáreas de bosque, rodeando y absorbiendo pueblos originarios (aún así, las condiciones climáticas hacen que los senderos y los potreros se desdibujen bajo la maleza apenas son descuidados; la Selva aún espera regresar).
Uno sueña con que este territorio nacional (1,964,375 km2) lo ocupáramos 2,000,000 de personas, y no 100,000,000; uno sueña con que tuviésemos más terrenos silvestres de los que pudiésemos explotar. Pero no. Hay más manos levantadas para reclamar un terreno silvestre que terrenos silvestres.
Todo terreno “bonito”, biológicamente interesante, nos saca el hambre. Se nos antoja cercarlo y poner, de menos, una cabaña. Un peñón, un arrollo, una arboleda, una playa. ¡Qué más quisiéramos! Al fin que qué tanto es tantito.
Así llegamos al aterrador espectáculo del zoom del google maps (visión satelital).
Una posición “seria” se propondría hacer retroceder las poblaciones humanas, a través de las generaciones de un par de siglos, para que la vida silvestre recuperara espacio. Es una posición tan seria como la de arrasar la Ciudad de México (lentamente) para corregir su desastre urbanístico.
No podemos ser tan serios... ¿o sí? (yo lo espero).
El Tren Maya y el Ferrocarril del Istmo…Ojalá no fuesen necesarios.
Si sólo fuesen los capitales los apresurados por enriquecerse mediante la devastación de la tierra, no serían necesarios. Pero no es sólo eso, sino que (creo) la mayoría de los pobladores de aquellos parajes democráticos del sureste, no son anticapitalistas. Y creo que quieren también casas con recamaras individuales, pisos de loseta, televisiones de 40 pulgadas y una camioneta. Creo que, además de servicios públicos, demandan integrarse a una cadena productiva y de consumo en general.
Supongamos que decidimos que el sureste seguirá un modelo de desarrollo estrictamente “sustentable”. ¿no lo hará esto un poco “no-competitivo” en el Mercado? En todo caso, no habría porque exigir eso del Sureste más que del resto del territorio. Pero ¿haríamos a todo el país “no-competitivo”? Pero… son los pobladores del Sureste quienes atesoran nuestras últimas ilusiones de un paraíso.
En mi opinión, nos estorba la libertad del Mercado. Y el consumismo. Si no quieren, pueden no ser socialistas, pero tendrían que estar contra la libertad del Mercado y contra el consumismo.
Yo temo también que la integración económica reproducirá el patrón escandaloso de desigualdad social (desigualdad que ya hay, pero no es flagrante por la escacez de plazas, pabellones y fraccionamientos)... Pero el tren no es el problema. El problema es que nadie quiere afrontar el problema de la desigualdad con otros métodos que aquellos que la generan.
En mi opinión tendríamos que empezar por ahí. Y si andamos por esa vía, aunque haya Trenes la cosa sería mejor y distinta.
Eso de no querer los trenes es como eso de “si saben como soy, para qué me invitan”. Los trenes no son el problema.
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