7 julio 2019
Nadie debería quedar en la creencia de que sólo se requiere tiempo y buenas administraciones públicas para que nuestro entorno (la ciudad, el país, el mundo) mejore. Nadie debería quedar en la creencia de que el asunto se resuelve con cierto desarrollismo económico, mera depuración y trabajo de los instrumentos jurídicos, políticos y económicos ya consolidados. Nadie debería creer que heredar a sus hijos una casa y una licenciatura convencional o un negocio colocará a sus nietos en el fin de los tiempos, por encima de las convulsiones de la segunda mitad del XXI.
Estamos en una crisis civilizatoria. Y nadie debería ignorarlo.
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Cualquier buena administración pública nacional, que se limite al respeto de las reglas del modelo económico y financiero internacional para “liberar” el desarrollo económico, será un paliativo.
La gestión lopezobradorista, su planteamiento en un plano ideal o discursivo, se acomodaría en estos límites de la responsabilidad con el modelo económico y jurídico (mundial). Es el planteamiento que se pudo hacer para conciliar con todas las fuerzas y sostener la gobernabilidad en medio de los reajustes. .
Sin embargo, tampoco creo que López Obrador se reprima las ganas de emprender modificaciones más radicales. Supongo que López Obrador, con muchos, considera a las fórmulas socialistas, más que impracticables, inefables; mientras que al capitalismo globalizado, aunque de naturaleza "voraz", lo considera moralizable, domesticable por un Estado socialmente responsable. Su pugna ideológica es contra la “voracidad” irresponsable. Su método básico es recuperar y jugar algunos instrumentos mediadores del Estado.
Habrá frutos de esta administración, a pesar de los pesares, yo lo creo. Varios frutos, más que económicos, serán cívicos y sociales (el cambio del discurso público, la politización, etc).
El guiño de López Obrador que apuntarían hacia una transición civilizatoria lo encuentro en su reconocimiento (en el discurso) de que los derechos humanos deben tener preminencia sobre los de ciudadanía (de frente al problema migratorio).
Por lo demás, vive la tensión entre la necesaria globalización y las soberanías nacionalistas; entre la afirmación de la autodeterminación de los pueblos y la necesidad de un mundo con principios compartidos y nuevos.
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La crisis es cultural y civilizatoria. La cosa no descansa aquí.
El escenario mundial se deteriora y pronto nos descubriremos nuevamente como monos exhibiendo nuestra feroz dentadura y atacando el tambor de nuestro pecho.
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