24 agosto 2020
Con la palabra "consumismo" solemos indicar algún abuso. Y solemos vincular al consumismo con la injusticia. A veces lo vinculamos como un mero indicador, otras veces lo comprendemos en una relación causal.
Sin embargo, cuando hablamos de justicia, generalmente pensamos en que los excluidos del consumo participen de él.
Por lo que tendríamos que decidir... si 1) concebimos a la popularización del consumismo como meta de desarrollo (el “estilo de vida americano”); o 2) si concebimos como meta cierto “consumo responsable” (no abusivo).
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Otro aspecto del consumismo que me desconcierta y llama la atención es su relación con las soluciones a los problemas económicos...
Siempre suponemos que, para incluir a más personas en el consumo, hay que introducirlas “primero” en las cadenas productivas; pero, para introducir a más personas en las cadenas productivas, se requiere “antes” aumentar la demanda o el consumo mismo.
¿Usaremos el consumismo como meta y método de desarrollo, o conviene hacer ajustes a la meta y el método?
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A ojo de buen cubero, yo encuentro tres reproches al consumismo.
1) El primero, ya para siempre crucial, es el daño ambiental. Y no hay mucho que abundar.
2) Lo segundo es mucho más complejo, difícil de nombrar y de abordarlo correctamente. Pero me simplificaré señalando el carácter “obsesivo” del consumismo. Y basta por ahora con la noción de que la obsesión es cierta desproporción de nuestra valoración.
La obsesión consumista no es como una adicción personal, que resulta socialmente irrelevante. Al contrario, el consumismo llega a ser tan socialmente relevante, que parece “lo social” mismo.
El consumismo puede juzgarse como una distorsión, promotora de un egoísmo resistente al sentido de solidaridad y de justicia (No sé bien que digo con esto, pero aclararlo es otro tema).
Personalmente, cuando no puedo consumir me siento desconectado del cosmos. Y cuando al fin compro algo, me siento de regreso, conectado, plenamente existente (aunque este existir pleno sólo sea el olvido del vacío de mi vida, vertido en la obsesión de novedades). Pero también se puede consumir urgentemente por estatus, para marcar pertenencia de grupo (igualmente jodido).
3) En tercer lugar… Advierto que en el mercado, asociado a las prácticas consumistas, prevalece la producción y demanda de lo fútil en detrimento de lo "esencial".
El mercado (su demanda y la planta productiva que la atiende) no parece inteligente.
El albañil, por ejemplo, no tendrá casa y acaso le sea más conveniente ganarse la vida vendiendo chucherías.
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