27 abril 2020
Borré mi anterior comentario por ineficiente y confuso.
Yo quería pensar como funcionaba esa analogía entre las fronteras nacionales y las puertas de la casa, el argumento de que los inmigrantes eran como intrusos en tu casa, porque me parece una imagen muy efectiva, poderosa para validar la criminalización, la xenofobia y restricción de los derechos humanos de los migrantes. Es un argumento fácil y contundente, pues a nadie agrada un intruso en casa.
Lo primero que se me ocurría, era analizar lo común entre la frontera nacional y la puerta de la casa, es decir, la propiedad; colectiva la una, individual la otra, pero propiedad.
Este movimiento no es ventajoso, pues si ya es difícil que alguien admita intrusos en casa, menos aun querrá repensar su propiedad.
Lo habitual, frente al muro, no es analizar su propiedad, sino dar la vuelta y ampararse en otras reivindicaciones tan poderosas como la propiedad misma: por ejemplo, la solidaridad universal o los derechos humanos. Llevando la discusión a este plano hay mejores posibilidades de emparejar la disputa. Pero aún así la discusión está quebrada.
Atorado en esto, me llamó la atención una noción recurrente a la hora de justificar la propiedad, sea colectiva o individual: la noción de RESPONSABILIDAD.
La fuerza y la costumbre bastan para establecer cierto derecho de propiedad, pero cuando la propiedad quiere reivindicarse fuera de este pertrecho, cuando se moraliza excusando su derecho, suele recurrir a la noción de “responsabilidad”.
Así, respecto a la propiedad territorial de los estados, se dice que cada colectivo humano es RESPONSABLE de organizarse y administrar sus recursos para generar sus satisfactores. La inmigración es resultado de la IRRESPONSABILIDAD del colectivo migrante, y descompensa la economía del colectivo local; por lo que esta es injusta.
Respecto a la propiedad privada, se dice que si cualquiera puede acceder a un bien, sin que medie acto económico privado en que directamente lo gane, la RESPONSABILIDAD personal se diluye. Ya sabemos eso de que “el socialismo crea IRRESPONSABLES dispuestos a usufructuar bienes que no ganaron, destruyendo el orden económico y civil”.
Responsabilidad, responsabilidad, responsabilidad.
En este punto, advierto un argumento profundo, el argumento que coloca a la propiedad como principio civilizatorio. El hato de nociones es muy compacto: propiedad, responsabilidad, civilización.
La propiedad parece fundamental para la racionalidad (proporcionalidad) administrativa o económica; si analizamos la actividad económica en términos contractuales (cargo y abono entre individuos). La civilización, entonces, parece soportarse en esta racionalidad contractual, por la que dos o más personas se favorecen sin matarse, fundando la ciudad. La responsabilidad del propietario supone el respeto de esta contractualidad, de las reglas del juego, y es principio del orden civil.
Si cuestionamos el resultado del juego, del libre ejercicio de las relaciones contractuales, si cuestionamos la riqueza de unos, como horda bárbara vulneramos la civilización.
Este orden de ideas me parece una abusiva pero eficaz simplificación.
Me parece claro que no podemos pensar civilización, ni justicia, sin un principio responsabilidad personal o colectiva. Lo que dudo es que la contractualidad y, por tanto, la responsabilidad se agoten en ese modelo caricaturizado de un stickman truecando con otro stickman los frutos de su trabajo. Este modelo simplificado de responsabilidad civil valida un complejo aparato de exclusión.
Ahora, si desde este punto vuelvo la vista al problema de los derechos migratorios; aún no sé como deshacer la confianza, por parte de los miembros de un colectivo, en su derecho a discriminar… Aquí el modelo simplificado consiste en imaginar un conjunto de colectivos viviendo cada cuál en una ecoesfera aislada y en frágil equilibrio interno. Cada colectividad, responsable de su ecoesfera, tiene lo que merece. Esta es la idea simplificada.
Resta por pensar, pero hasta aquí pongo punto a este comentario.
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