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miércoles, 15 de mayo de 2024

OTRA NOTA SOBRE CIVILIZACIÓN

15 de marzo 2024 

Otra nota sobre "civilización"

Lo que sea la civilización me presenta dos notas inmediatas: por una parte, la transformación técnica de la naturaleza; por otra parte, la concentración y muchedumbre humana. Esos dos aspectos saltan. Y otras cosas se pueden apuntar sobre esa base o lienzo. 

Por ejemplo, que la concentración humana civilizada sobrepasa la agrupación por vínculos familiares. Es decir, que es una convivencia de extraños.

Luego podría uno decir que, frente a esa “convivencia entre extraños”, resalta la función de eso que llamamos hábitos, convenciones, instituciones, costumbres, moral, normas, etc. Todo eso que también, o primero, hay en agrupaciones más o menos  “familiares”, pero que en agrupaciones “impersonales”, de muchedumbres de extraños, “civilizadas”, resalta como necesario engrudo de la piñata.

Dandole otra vuelta al aspecto de la “multitud”, podríamos conjeturar  que, en el fenómeno de la “civilización”, opera algún principio ”pro-vida”. Quiero decir que algúna base de la multiplicación y concentración de gente opera la civilización. 

Dando ahora una vuelta en torno al aspecto de la transformación técnica de la naturaleza, uno pude reconocer que "civilización" implica la "división del trabajo”.  Y la división del trabajo, como nota sustancial de la civilización, nos propone pensar, por una parte, en el fenómeno general de la economía y, por otra parte, el carácter social de la educación y el conocimiento. Civilización es cierta diferenciación de los miembros y es algún sistema económico.

Parece que algo en la civilización quiere o necesita que la gente sea mucha y toda; y parece también que la civilización quiere o necesita hacer del mundo entero sea un fraccionamiento, rancho, materia prima, fábrica, anaquel (parece que opera un principio económico en el corazon que empuja a la civilización a apisonar y triturar y jardinar y mascotizar y mercantilizar toda la naturaleza). Sea porque sean tantas y todas las gentes, o porque estas se empujen hacia el dominio y usufructo de todo y de lo último; en la civilización se asoma alguna nota de “totalitarismo”, una voluntad totalitaria.

Y llega la hora de hablar del “poder”, porque la  "civilización" se trata de alguna “sistematización” del poder.

Yo siempre le doy vuelta y trillo la noción de las “relaciones despóticas”, estas relaciones asimétricas en las que el bien o mal de Fulano estan en manos de Zutano, más de lo que el bien y mal de Zutano está en manos de Fulano. Y advierto o reconozco una y otra vez que este despotismo es un estructurador social… modulable, moderable, pero difícilmente prescindible (imprescindible, pues, pese a mi anarquismo).

Las relaciones despóticas se asemejan o se confunden con alguna simbiosis. Y son distinas de las “relaciones polémicas” (de abiertos enemigos). 

A partir de ello, diría que la “Civilización” es un proyecto de transformar o ahogar toda relación polémica en un sistema de relaciones despóticas, aparentemente (o falsamente) simbióticas.

Otro día termino el comentario, comentario que tiene sentido no porque alguien pregunte, sino porque no acabo de precisarme mi bronca contra la arrogancia de la “civilización occidental”. Esa que dicen (con ñoñería más frecuente) que está amenazada, ahora los sectores que pueden decirse “conservadores” de una sociedad, ahora los actores geopolíticos hegemónicos... 

...y es que uno sólo piensa si dice (y sí, hay que leer también; pero o no tengo suficiente tiempo o me motiva más "anotar", y mejor que nada).



sábado, 24 de febrero de 2024

 25 de noviembre de 2022

Nadie me pregunta pero voy a decir que…

Por años vine a ser apolítico, acomodado en la idea de que la “virtud política” no se soportaba en la “naturaleza humana”, en la idea de que el "enemigo" era interno, era en todos, aun en la gente que se dice "de izquierda", aun en mí. 

Hoy sigo pensando, con otros términos, que todos llevamos (por ejemplo) un déspota y un arribista dentro; si no a flor de piel, más o menos soterrado, esperando ocasión de mover en nosotros sus piezas; y que, por ahí, “la puerca tuerce el rabo” de la virtud política. Creo que las condiciones de nuestra “naturaleza” por las cuales participamos, construimos o defendemos algún coto poder son inextinguibles o siempre renovables. 

Como extensión de la naturaleza hay cultura y, por cultura, el despotismo y el arribismo son moral cuando estas conductas  se  obvian como buenas costumbres, buena educación y buen carácter. 

Pero también, por cultura, como extensión de otros rasgos de nuestra "naturaleza", podemos articular otros dispositivos; podemos advertir en la base de las formas del mundo nuestra vanidad y desesperación humanas. También por cultura cabe abrir un ojo  crítico, ético, antidespótico. Y otra política y moral es posible dondequiera que, vistos a los ojos, sobra ya decir que "no mames".



10 de enero 2024

Comentario (y reformulación).

La democracia nos parece hoy la única forma política “civilizada”; no obstante que llamamos “civilización” a sociedades anteriores y contemporaneas a las que se articulan bajo el dogma democrático. Hay, pues, varios usos o criterios para el término “civilización”. Y es uno de esos términos ambíguos que usamos con algún descuido peligroso. Pues los conflictos geopolíticos mundiales, en el discurso que los legitima, están planteados en términos de amenazas a la civilización, concitando un terror cósmico que puede abrir paso a lo peor en nosotros. Por lo que algunas prevenciones conviene tener al respecto.

Yo quiero decir lo que no es secreto, aunque va en contracorriente del dogma, y que conviene enfatizar: 

1) Que son civilizadas las formas no democráticas. 

2) Que la civilización implica siempre alguna forma despótica (cultural y estructural); y la democracia no deja de ser una de estas formas.

3) Que sociedades articuladas entorno a formas democráticas acaso no sean sustantivamente distintas (y no necesariamente menos despóticas) que las sociedades no-democráticas. 

Con esta prevención, quiero partir siendo menos intolerante frente a los procesos históricos, culturales y sociales de otras comunidades; y mantener abierta la crítica de “nuestro modelo” que, como dogma, asumimos como último estadio de la historia. 

Parecerá que me posiciono a favor de las dictaduras, absolutismos, totalitarismos, fascismos, teocracias, sistemas de castas, aristocracias, despotismos, etc. Pero no habría que precipitarse. 

Diría que me preocupa, antes que la fácil condena de los sistemas que nos parecen no-democráticos, los abusos derivados del dogma democrático, abusos tanto al interior de las sociedades democráticas como hacia el exterior. Tengo al menos dos prevenciones respecto a ello:

Por una parte, considero que 4) optar por la democracia como destino o asiento de la civilización es optar por cierto individualismo como modalidad cultural que consideramos “correcta”. Y esto es un problema que amerita una primer prevención, pues no está claro del todo qué sentido o valor tiene el proceso de “desalienación” del individualismo. Tampoco está claro si  "no ser alienado" es “ontológicamente” practicable, porque puede que no;  y que, obligados a alguna alienación, nos queda “pulir” la forma humana de “ser alienado” ¿En qué forma? Y es que el individualismo puede (puede) ser o abrir un (otro) callejón cultural sin salida, aunque estemos puesto en él y lo abracemos con vehemencia, como al fantasma de la dignidad humana. No solemos decidir ser individualistas: el mundo y la tradición nos han decidido. Y la aparente o relativa libertad es una determinación que nos aisla o cierra a otros sistemas de valores. Las formas de alienación de los individuos de unas sociedades parecen grotescas a alienados ojos ajenos. Entonces, como en un ocioso debate retórico, disertantes y auditorio se dividen según su distinto sistema de tópicos, condición de la compresibilidad, verosímilitud y validez que admiten. Hay que ser circunspectos y cautos por ello; no ir tan rápido. No creo que convenga conducirnos como “fundamentalistas” en esto.

Por otra parte, considero que 5) la estructura despótica del capitalismo usa de la forma democrática, que (me atrevo a decir) no es sustancialmente diferente de las estructuras despóticas que organizan las sociedades y estados no-democráticos. 5.1) Las pseudodemocracias son instrumentos convenientes o útiles a los interéses del capitalismo global o globalista. 5.2) Las sociedades o estados hegemónicos que se ostentan como ejemplos democráticos son seudodemocráticos. 5.3) La actual batalla por la civilización es la batalla por imponer los intereses del gran capital, la lucha por la civilización no es la lucha simple de la libertad contra el despotismo, sino entre dos formas despóticas o entre meros bloques hegemónicos: las democracias títere de unos son las dictaduras de los otros.

Estas consideraciones son abiertas a precisiones y enmiendas. Pero parto de ellas para prevenirme de los juicios precipitados. Porque sé que soy un individualista sin alternativa. Estoy en ese problema. Y mis dados están cargados para repetir como rana y validar cualquier discurso que agite "¡Democracia (libertad, individuo, razón, dignidad, legalidad, civilización)!", desatendiendo más trasfondos.



OTRA NOTA SOBRE CIVILIZACIÓN

15 de marzo 2024  Otra nota sobre "civilización" Lo que sea la civilización me presenta dos notas inmediatas: por una parte, la tr...