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sábado, 24 de febrero de 2024

10 de enero 2024

Comentario (y reformulación).

La democracia nos parece hoy la única forma política “civilizada”; no obstante que llamamos “civilización” a sociedades anteriores y contemporaneas a las que se articulan bajo el dogma democrático. Hay, pues, varios usos o criterios para el término “civilización”. Y es uno de esos términos ambíguos que usamos con algún descuido peligroso. Pues los conflictos geopolíticos mundiales, en el discurso que los legitima, están planteados en términos de amenazas a la civilización, concitando un terror cósmico que puede abrir paso a lo peor en nosotros. Por lo que algunas prevenciones conviene tener al respecto.

Yo quiero decir lo que no es secreto, aunque va en contracorriente del dogma, y que conviene enfatizar: 

1) Que son civilizadas las formas no democráticas. 

2) Que la civilización implica siempre alguna forma despótica (cultural y estructural); y la democracia no deja de ser una de estas formas.

3) Que sociedades articuladas entorno a formas democráticas acaso no sean sustantivamente distintas (y no necesariamente menos despóticas) que las sociedades no-democráticas. 

Con esta prevención, quiero partir siendo menos intolerante frente a los procesos históricos, culturales y sociales de otras comunidades; y mantener abierta la crítica de “nuestro modelo” que, como dogma, asumimos como último estadio de la historia. 

Parecerá que me posiciono a favor de las dictaduras, absolutismos, totalitarismos, fascismos, teocracias, sistemas de castas, aristocracias, despotismos, etc. Pero no habría que precipitarse. 

Diría que me preocupa, antes que la fácil condena de los sistemas que nos parecen no-democráticos, los abusos derivados del dogma democrático, abusos tanto al interior de las sociedades democráticas como hacia el exterior. Tengo al menos dos prevenciones respecto a ello:

Por una parte, considero que 4) optar por la democracia como destino o asiento de la civilización es optar por cierto individualismo como modalidad cultural que consideramos “correcta”. Y esto es un problema que amerita una primer prevención, pues no está claro del todo qué sentido o valor tiene el proceso de “desalienación” del individualismo. Tampoco está claro si  "no ser alienado" es “ontológicamente” practicable, porque puede que no;  y que, obligados a alguna alienación, nos queda “pulir” la forma humana de “ser alienado” ¿En qué forma? Y es que el individualismo puede (puede) ser o abrir un (otro) callejón cultural sin salida, aunque estemos puesto en él y lo abracemos con vehemencia, como al fantasma de la dignidad humana. No solemos decidir ser individualistas: el mundo y la tradición nos han decidido. Y la aparente o relativa libertad es una determinación que nos aisla o cierra a otros sistemas de valores. Las formas de alienación de los individuos de unas sociedades parecen grotescas a alienados ojos ajenos. Entonces, como en un ocioso debate retórico, disertantes y auditorio se dividen según su distinto sistema de tópicos, condición de la compresibilidad, verosímilitud y validez que admiten. Hay que ser circunspectos y cautos por ello; no ir tan rápido. No creo que convenga conducirnos como “fundamentalistas” en esto.

Por otra parte, considero que 5) la estructura despótica del capitalismo usa de la forma democrática, que (me atrevo a decir) no es sustancialmente diferente de las estructuras despóticas que organizan las sociedades y estados no-democráticos. 5.1) Las pseudodemocracias son instrumentos convenientes o útiles a los interéses del capitalismo global o globalista. 5.2) Las sociedades o estados hegemónicos que se ostentan como ejemplos democráticos son seudodemocráticos. 5.3) La actual batalla por la civilización es la batalla por imponer los intereses del gran capital, la lucha por la civilización no es la lucha simple de la libertad contra el despotismo, sino entre dos formas despóticas o entre meros bloques hegemónicos: las democracias títere de unos son las dictaduras de los otros.

Estas consideraciones son abiertas a precisiones y enmiendas. Pero parto de ellas para prevenirme de los juicios precipitados. Porque sé que soy un individualista sin alternativa. Estoy en ese problema. Y mis dados están cargados para repetir como rana y validar cualquier discurso que agite "¡Democracia (libertad, individuo, razón, dignidad, legalidad, civilización)!", desatendiendo más trasfondos.



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