25 de noviembre de 2022
Nadie me pregunta pero voy a decir que…
Por años vine a ser apolítico, acomodado en la idea de que la “virtud política” no se soportaba en la “naturaleza humana”, en la idea de que el "enemigo" era interno, era en todos, aun en la gente que se dice "de izquierda", aun en mí.
Hoy sigo pensando, con otros términos, que todos llevamos (por ejemplo) un déspota y un arribista dentro; si no a flor de piel, más o menos soterrado, esperando ocasión de mover en nosotros sus piezas; y que, por ahí, “la puerca tuerce el rabo” de la virtud política. Creo que las condiciones de nuestra “naturaleza” por las cuales participamos, construimos o defendemos algún coto poder son inextinguibles o siempre renovables.
Como extensión de la naturaleza hay cultura y, por cultura, el despotismo y el arribismo son moral cuando estas conductas se obvian como buenas costumbres, buena educación y buen carácter.
Pero también, por cultura, como extensión de otros rasgos de nuestra "naturaleza", podemos articular otros dispositivos; podemos advertir en la base de las formas del mundo nuestra vanidad y desesperación humanas. También por cultura cabe abrir un ojo crítico, ético, antidespótico. Y otra política y moral es posible dondequiera que, vistos a los ojos, sobra ya decir que "no mames".

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