28 de agosto de 2021
1
Lo que se me ocurre decir a propósito de las noticias de Afganistán, es que el individuo, la libertad o la democracia no son valores tan evidentes, axiomáticos o universales como los suponemos.
2
Generalmente pensamos que las preguntas tiene una respuesta correcta. Pero si la naturaleza o condición humana fuese una pregunta, habría que dudar de que la respuesta cultural a la condición humana sea una, la que nos figuramos ser la nuestra.
Ahora, no pensemos la condición humana como pregunta, sino como caída. Si la existencia o condición humana es una caída, hay múltiples modos de caer, de dilatarse, de agarrarse de algo, formas de hacer sentido, de sustentarse, de distraerse de la caída, estilos de caer.
Con culpa, narcisismo, solidaridad, avidez de novedades, hedonismo, crueldad, caridad, risa loca, identidad, orgullo, fanatismo, liviandad, abnegación, fe, vanidad, esperanza, etc.; de un modo u otro nos entretenemos o agarramos.
Es difícil esperar que alguien se suelte y renuncie a su forma.
3
El juicio de la “comunidad internacional” es un elemento de la gobernabilidad de casi todos los países. Todas las facciones inconformes, minoritarias o mayoritarias, buscan la condena internacional hacia sus rivales, o el bloqueo económico, o el aprovisionamiento de armas, o la intervención armada.
Lo conveniente es que los balances lleguen a ser una sustancia (interna) de las sociedades, y no un accidente dependiente del exterior.
4
Suelo ser partidario de que las sociedades resuelvan con su sangre, sus “mártires”, su memoria, palabra, discusión y narrativas sus propios procesos políticos, sociales y culturales.
Sin embargo, si no somos indolentes o indiferentes... ¿Cuál es el criterio y límite?
Si un pueblo practicara el sacrificio humano ritual, hoy como antes ¿”seguimos” autorizándonos para sentenciar una civilización y cultura? Si por “usos y costumbres”, sea en México o en Afganistán, se comete lo que juzgamos injusto, ¿nuestra sociedad tiene derecho u obligación de condenar o intervenir?
¿Somos el patrón de lo tolerable y lo intolerable? ¿Nosotros sí y otros no? ¿Cuál es el criterio?
Y, sin embargo, no podemos no juzgar y expresar nuestra posición.
5
Yo desearía que en el mundo árabe, no por obra del pop mundial, el discurso público y las bases de la legitimidad del poder público se alejaran del orden teológico.
¿Por qué? no estoy seguro. Quizá, por principio, por miedo. Pero la fe de los monoteístas no es mi único miedo.

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