19 de septiembre de 2021
La reunión de la CELAC ha sido una cosa muy interesante. Son interesantes incluso los atolladeros históricos del debate.
* * *
Tratar con una representación política, en una reunión de pares, es asumir su validez o legitimidad.
Y en lo inmediato, se nos ocurre pensar que esa legitimidad es o debiera ser la de el voto universal de los habitantes del territorio, la de una probada democracia representativa, la de la libre asociación política y expresión, la del orden constitucional, y el respeto de los todavía recientes derechos humanos.
Hay mucho que considerar al respecto.
1
Primero, sin juzgar que es malo o bueno, hay que decir que esta concepción supone la imposición de un proyecto civilizatorio.
Luego diría que, aunque hemos hablado de “civilización” por decenas de siglos, este parámetro liberal de civilización, aún reciente, se nos ocurre hoy como “lo único” civilizado.
Conviene, al menos, ser conscientes de que (con la mera opinión) estamos empujando un proyecto civilizatorio como quién empuja la fe de un dios verdadero. Eso es mucho como para no hacerlo con algún grado de análisis, autocrítica y tiento.
Hay problemas.
2
Se me ocurre que un problema de fondo es la noción o concepto de “individuo”.
Diría que los “individuos” no nacen, sino que es una posibilidad y construcción ideológica (y colectiva) de los “sujetos”, y que aun dentro de esta concepción hay variaciones.
Por ejemplo, los “sujetos masificados” podemos jurar ser “individuos”, por lo que no entiendo bien cual es el criterio y valor del “ser individuo”. Es problemático, no es tan simple.
También… si le preguntamos a un “fanático” religioso si percibe “impropiedad” o “renuncia a su individualidad” en su fe radical, seguramente nos dirá que no, y que en esa voluntad, que en esa fe, experimenta la más íntima expresión y confirmación de su ser. Convénzanle de que está “fuera de sí”, alienado. ¿La fe no se experimenta como una opción "individual"? ¿Qué significa el individuo?
3
Alienación, trascendencia. No puede modificarse la noción del individuo sin modificarse los modos de hallarnos en comunidad y de figurarnos alguna “trascendencia”. Pero no entro al tema de la trascendencia: estoy chupando tranquilo.
4
Supongo que el criterio o sentido de “individuo”, como “cosa no divisible”, es más bien “cosa cuya esencia no es ser parte de otra”, es decir, cosa que no es medio o instrumento o función de otra cosa, cosa que es un “fin en sí mismo”, y que vale por sí mismo.
Pero, si no es el solipsismo, tenemos que hablarlo.
5
¿Qué concepción de individuo o ciudadano o persona supone la democracia, o… debe importar eso?
A veces pareciera que en democracia no se vale, por ser “antidemocrático”, suponer o proponer “una forma” de persona. Y, a veces, pareciera que la democracia requiere una forma de persona.
A veces parece que debe importar a la democracia la forma de ser de las personas, a veces parece que el asunto de la “forma de ser” debe ser un tema ajeno a la lucha democrática.
A veces pensamos que, si no hay forma propuesta, el individuo encontrará su auténtica y mejor forma y la democracia su mejor expresión. Y, a veces, parece que ese “dejar en libertad” es, además de imposible, un autoengaño o una facciosa tomada de pelo.
Hay una lucha por decidir ello. Los movimientos políticos de “derecha” y de “izquierda” se acusan.
6
Cuando lo requiere, la derecha dice como debe ser la persona; y cuando necesita, lo juzga adoctrinante, autoritario y antidemocrático.
La derecha lleva una ventaja en este debate: los hijos de esclavos nunca nacieron libertarios o revolucionarios, los hijos de esclavos tienden a pensar y comportarse como esclavos. El despotismos es un estructurador social que, como un ADN, es capaz de reproducir y conservar la forma social. El despotismos es imperceptible y se funde a la naturaleza (moral) del mundo.
Todos los movimientos de “izquierda” (incluida la revolución liberal -”burguesa”- que dio firme base al capitalismo) han requerido hablar por los que se mantienen callados, o pelear por los que no lo hacen: han sido movimientos minoritarios. Y, por muchos periodos, sin apoyo social.
Una de las necesidades de los movimientos de izquierdas ha sido la de modificar (“liberar”) las conciencias, como medio y fin de sus transformaciones.
En este carácter minoritario y vocación doctrinaria, la “izquierda” siempre será susceptible de ser denunciada como populista (cuando se extiende), o como antidemocrática y autoritaria (cuando empuja en medio de la indiferencia).
Hay problemas.

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