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jueves, 13 de octubre de 2022

CONSTERNACIÓN

No sin fundamento, creemos que la consternación es un elemento o condición de una transformación o revolución cultural, social y política.

Y es cosa del manual de lucha, para líderes sociales y políticos, hacer por alentar la consternación o liberarla de su anestesia (porque se estiman motivos “objetivos” para que haya consternación) y aprovechar los momentos en que hay más combustible para su llama, aprovechar los sucesos o coyunturas que más pretexten.

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Las personas que se ubican en liderazgos sociales y políticos suelen ser, en el conjunto, las personas más politizadas, poseedoras de un interés, determinación o voluntad constante. Esta determinación puede ser también una consternación, pero estable y poco dependiente de la ocasión.

Generalmente, esta “estabilización” de la consternación o voluntad política, está politización, se finca sí en una emoción, pero también en ideas, en una lectura de la realidad social, en un discurso, en una visión, un ojo crítico, una ideología que pretexta o contextualiza la emoción y los juicios de valor sobre la realidad social. 

De este modo, las personas líderes ven en el estado regular de las cosas, de la sociedad, una tensión a la que no pueden cerrar los ojos y ser indiferentes. 

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Las personas líderes sociales y políticos, con intenciones reformistas o revolucionarias, desearían esa claridad, voluntad y constancia en una “masa consternada” movilizada o movilizable. Pero raramente hay. Suele haber una brecha entre ellos y las grandes mayorías.

Los líderes, que necesitan hablar a nombre de muchos o de la mayoría, suelen no ser atendidos por esos muchos o esa mayoría. O, si son atendidos por muchos o hasta por la mayoría, quizá obtienen una atención y asentimiento que poco se convierte en movilización, organización y militancia. 

Habrá gente “ciega” a la necesidad y posibilidad de transformación social y política. Pero aún entre la gente que “ve” que las cosas están mal y algo debe y puede hacerse, el llamado de los líderes reformistas o revolucionarios encuentra poca respuesta.

Entre estos que "ven" que las cosas están mal y algo debe hacerse, están... quien vive consternado pero no ve vía de cambio; quien desconfía de cualquier liderazgo; quien cree que tienen razón quienes denuncian que todo está mal pero que no por eso sabrán hacer mejor las cosas; quien piensa que las cosas deben cambiar pero temen que algo altere su rutina y entorno (quien no quiere perder nada, y sólo recibir un inmediato beneficio agregado -por lo que, en el fondo, prefiere que las cosas marchen igual); quien espera que otros lo hagan; quien adopta la postura de “hasta no ver no creer”; etc. Nosotros.

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Pero escribo esta nota no para quejarme de “la masa” anestesiada, pesimista, temerosa, egoísta, comodina o presa del discurso hegemónico (que se considera realista) que somos. 

Escribo esta nota para señalar una práctica de los liderazgos sociales y políticos de izquierda que me parece algo desatinada o "no ajustada"; esa práctica de buscar aprovechar la consternación para abanderarla y encausarla en un proyecto político (más "radical") alejado de las intenciones, ideas o compromisos auténticos, regulares o estables de la mayoría que pretenden representar. 

Los líderes de organizaciones sociales, los más politizados del conjunto, quizá por tanto los que parecen más radicales, suelen militar y firman pronunciamientos que no representan el compromiso mayoritario de sus bases. Por lo que llegan a ser movimientos que lucen sin sustancia, que se alzan una y otra vez sin consecuencia; y, como espectáculo, alimentan el escepticismo y la suspicacia que va aislando al discurso radical que es legítimo y necesario.

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Respeto mucho, sin embargo, a esas personas, necias arrogantes, líderes radicales, que una y otra vez montan la ola de consternación, como un despertar de las conciencias que las acompaña.

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Creo que los líderes no deben desdecirse de su radicalidad para representar a “la masa consternada”. Pero tampoco resulta de gran provecho que asuman que (por ejemplo) “la masa” ya es anticapitalista y revolucionaria sólo porque está inconforme y consternada. Algo más elaborado (progresivo) supongo puede hacerse.

(PD Escribo desde la comodidad)



martes, 2 de agosto de 2022

Estado y Mercado

 27 de julio de 2022

NO HAY PRESUPUESTO, PASE A VENTANILLA C

ESTADO

No necesariamente es así (podría ser de otro modo), pero es así que el Estado está subordinado al Mercado. Se comporta como una entidad económica casi cualquiera, inmersa en el Mercado y frágil dependiente suya. La capacidad de acción del Estado (que renuncia a una más amplia función regulatoria)  depende de sus ingresos. Lo que puede hacer o instrumentar depende del monto de la recaudación (en valor monetario) y de los precios (en valor monetario) de los insumos en el Mercado. Lo que hace el Estado es recaudar del Mercado y gastar en el Mercado. 

Y, con el gasto, el Estado “compra”, al menor precio posible… la estabilidad social que requiere el Mercado que lo alimenta. 

DERECHOS   

Este Estado, que hace lo que hace “gastando” (comprando, pagando), se legitima como “garante” de un abanico de derechos que social e históricamente se van formulando y reformulando. 

Los derechos expresan ciertas condiciones históricas de la estabilidad social (estabilidad que los derechos fincan al menos como esperanza), y orientan parcialmente el gasto estatal. 

ESTRATEGIAS

Lo que el Estado decida, la orientación que adopte, se traduce en decisión sobre la distribución del gasto. 

Toda estrategia se traduce en jalar un poco más de cobija para acá, aunque se descobije poco o mucho allá. Y se parte del supuesto y la esperanza de que, a pesar de las insuficiencias, una distribución “estratégica” del gasto, pasado lo inmediato, nos conducirá a mejores escenarios donde haya más cobija o menos intemperie. En teoría, año con año, presupuesto tras presupuesto, gasto tras gasto, en esas vamos.

DISYUNTIVA

Hay una serie de importantes derechos en tensión y disyuntiva con la procuración del Mercado. Y este Estado se legitima en la procuración de una ámplio abanico de derechos, pero se alimenta del Mercado.

NEOLIBERALISMO

Para la postura capitalista neoliberal, no hay tensión o disyunción: el Mercado somos todos y porcurar el interés del Mercado es procurar el interés de todos. Como consecuencia, los derechos que convienen al “comportamiento mercantil” tienen primacía sobre los demás. El neoliberalismo, sabemos, propuso que si el Estado procuraba al Mercado, no habría necesidad de que procurara derechos: cada cuál encontraría la satisfacción a sus necesidades como actor económico individual dentro del Mercado.

INEFICIENCIA

El discurso ideológico del Mercado no considera que este tenga un carácter o naturaleza excluyente (enfatiza en cambio su apertura o inclusividad). Este carácter excluyente, sea sustantivo o meramente contingente, supondría la ineficiencia del Mercado para satisfacer las necesidades y aspiraciones establecidas como derechos. Por lo que el Estado, si ha de legitimarse, deberá garantizarlos o volverlos asequibles por alguna vía (al menos en la palabra y la esperanza), como la recaudación fiscal y el gasto u otras regulaciones.

SUBORDINACIÓN

La limitación básica de este Estado subordinado al Mercado es el límite de su recaudación; recaudación que depende del desempeño del Mercado; desempeño del Mercado que (en la hipótesis neoliberal muy difundida)  depende de las fácilidades que tengan las entidades mercantiles o económicas para obtener máximos rendimientos, capitalizarse, crecer y extederse.

El Estado, para aumentar su capacidad, debe favorecer el rendimiento o capitalización del Mercado.

En esta consideración se desecha la idea de que el máximo rendimiento o capitalización de la entidades económicas se oponga a la distribución de la riqueza, a la satisfacción en el Mercado de la necesidad y aspiración básica de los tabajadores, que la lucha por la mayor capitalización promueva la exclusión y la llamada precarización laboral. 

SIMULACIÓN

Si, a pesar de las desregulaciones y facilidades al Mercado, el Estado no recauda lo suficiente para satisfacer la necesidad y aspiración básica de los tabajadores, de los excluídos y los precarizados; le resta al Estado simular que lo hace o fincar la esperanza de que puede. Otros recursos del Estado para legitimarse, sin dar garantías, son la reducción  de la expectativa social e histórica de lo que se puede y es derecho; o acusar a la coyuntura.

REGULADOR

En otra hipótesis, aun capitalista pero no neoliberal, si se privilegia la distribución de la riqueza sobre los rendimientos y la capitalización de las entidades económicas, no ocurre que el Mercado se colapsa; sólo ocurre que el consumo derivado de la redistribución, que es dinero que corre a irrigar otros terrenos del Mercado, da otra configuración o rostro al Mercado, un rostro menos exclusivo, pero no lo contrae o “empobrece” necesaria y sustantivamente. 

Ese rostro inclusivo del Mercado no es naturalmente suyo, lo impondría un Estado con regulaciones y gastos redistributivos. 

REGULACIONES

Podemos pensar que el Libre Mercado genera, para todos, las condiciones o justas oportunidades de satisfacción de las necesidades o derechos básicos: que es “eficiente”. 

O podemos pensar que el Mercado NO genera, para todos, las condiciones o justas oportunidades de satisfacción de las necesidades y derechos básicos: que es “ineficiente” y que, por tanto, el Estado debe echar mano a sus dos instrumentos principales para compensar la ineficiencia: la recaudación y el gasto, y  la regulación laboral y salarial.

Pero el razonamiento va de regreso; pues, si aumenta la recaudación y/o se regula el trabajo y el salario, si se reducen los rendimientos de las entidades económicas del Mercado, habrá menos riqueza que gravar por el Estado o reinvertir por las entidades económicas; es decir, menos recaudación “redistribuíble” y menos trabajos “regulables”. O los capitales “escapan” a donde encuentren su mayor rendimiento (en buena parte, pagando menor salario e impuestos), perdiéndose aquí empleos y capital gravable.  Por lo que, habiendo regulaciones, es malo si los capitales se van y malo si se quedan; por lo que “es mejor desregular y esperar que crezcan y ‘entren’ capitales”: es menos malo el capitalismo salvaje. 

Hasta aquí esta vuelta a la misma idea con mismos términos.

¿QUÉ CREO?

Hay quien confía en la eficiencia del Libre Mercado, hay quien confía en un posible equilibrio entre la ineficiencia del Mercado y la acción del Estado, y hay quien no confía en un equilibrio posible. Me considero entre los últimos. 

1 Creo que no hay equilibrio posible. Que el cúmulo de derechos consignados son una esperanza que da legitimidad a un Estado cuyo oficio es la contención, la gobernabilidad, la estabilización. Ni el mercado ni el presupuesto estatal ni la regulación salarial (de ESTE Estado) alcanzarán a satisfacer, a volver asequibles los derechos, a dar la justa oportunidad de su realización. 

2 Creo que estamos limitados por la dinámica de un Mercado que grita que lo están matando y moriremos con él, si le tocan el hombro para pedirle paso con permiso.

3 Yo creo que el lío es la “elasticidad” del Mercado: la capacidad de introducir en las cadenas de "consumo", y no sólo en las de producción, a TOD@s. 

4 Creo que en el “metabolismo” del Mercado (que determina su elasticidad) hay instrumentos de deuda, especulación, etc., que mucho determinan la "racionalidad" del Mercado y conforman un "Estado profundo" global.  Quiero decir que, si el Mercado pudiera ser socialmente elástico, no lo sabremos porque "ellos" o sus árbitros, prefectos o capataces, tiene el sartén por el mango para su beneficio: un beneficio que mueve ejércitos nacionalistas, televisoras y congresos.

5 Creo una economía planificada socialista, al menos mixta, puede tener en algún momento otra oportunidad con la tecnología informática actual.

6 Creo (y lo digo para atreverme) que la propiedad privada es una convención, y si excesiva es (como dice el anarquista) un evidente robo. Debemos desaparecer el derecho a la acumulación y herencia patrimonial ilimitadas, desconvencer mundialmente de ello. Que defender el derecho a la propiedad ilimitada llegue a ser tan popular como defender la monarquía. Y,  desde esos tópicos, si acaso, "concesionar". 

Quién sabe lo futuro, pero en lo inmediato tampoco.

(En imagen, Alejandro corta el Nudo Gordiano).



Lenguaje inclusivo

27 de abril de 2022

Hace un rato, como rebote de algo que oí ayer, se me ocurrió fijar (y una manera de fijar) mi postura frente al llamado lenguaje inclusivo. En adelante lo consideraré una variante dialectal; variante especial pues, a diferencia de otras variaciones, es una transformación suscitada por una discusión consciente sobre ciertas implicaciones sociales de las formas y usos de la lengua. Con esto, por una parte, me sacudo parte del peso normativo del dialecto hegemónico: cuando hablo "en inclusivo", asumiré que hablo un dialecto, como dialecto es el hegemónico. Y, por otra parte, respeto los contextos prácticos y sociales en los que la variante dialectal cabe, se usa o exige. Como lengua viva, el castellano va a la deriva. Y ya veremos cuánto terreno ganan las formas del dialecto inclusivo.  Por lo pronto, me basta reconocer no sólo los contextos (cada vez más amplios) donde este se vuelve convencional; sino el valor de la discusión que lo empuja. Fin.


Apunte al margén (1 de 3): Yo advierto que con esta posición abuso de la noción de “dialecto”.

Supongo que una variante dialectal depende de diferencias que pueden ser de vocabulario, sintácticas, morfológicas, etc; diferencias más o menos cuantiosas o más o menos relevantes. Y, honestamente, no creo que los pocos cambios del lenguaje inclusivo “ameriten” que le tome por dialecto.

Sin embargo, sí creo que este planteamiento sirve a un propósito: separar la cuestión meramente formal de la lengua, de la cuestión social.

Y es que, recurrentemente, ciertas valoraciones sociales pueden apoyarse y defenderse desde la premisa de una corrección formal. Y, en lo que respecta a la lengua, conviene separar bien ambos aspectos.

Plantear que dos dialectos pueden decir “lo mismo” pero de “distinta forma”, resultando “equivalentes”; nos deja enteritas y de lado, cribadas, las implicaciones sociales de la lengua para que, ahora sí, nos hagamos responsables de ellas, y las discutamos sin pretextar “correcciones formales”.

En este sentido, debo asumir que la resistencia que yo tenga ante el uso de lenguaje inclusivo (que está en formación) no puede escudarse o pretextar la “corrección formal”, sino que debo asumir que otros motivos, otras implicaciones, otras valoraciones deciden mi grado de resistencia o procuración del lenguaje inclusivo.
(luego le agrego el "2 de 3" al comentario).


Apunte al márgen (2 de 3): Hablar o usar uno u otro dialecto significa socialmente algo. Las diferencias dialectales nos funcionan como marcadores sociales.

Hay dialectos o formas de hablar que ponen al hablante en situación de ser discriminado; pero en el caso del lenguaje inclusivo, en cambio, ocurre que se exige para no discriminar.

Son pues asuntos distintos, pero en los que LAS FORMAS DE LA LENGUA Y LA DISCRIMINACIÓN son elementos comunes. En uno, la forma de hablar toda puede ser un marcador social útil al prejuicio discriminatorio. En otro, ciertas formas dentro del conjunto de la lengua pueden expresar un prejuicio discriminatorio.
El tema del lenguaje inclusivo se mueve en torno al fenómeno del género gramatical, característica del castellano, pero que no está presente en la mayoría de las lenguas.

Este uso convencional del género gramatical es acusado de expresar y reforzar 1) una HEGEMONÍA de lo masculino sobre lo femenino; y 2) de expresar un BINARISMO que no reconoce o excluye otras identidades.
El género gramatical es una característica que atraviesa la lengua castellana, e impone NORMAS DE CONCORDANCIA entre palabras; de modo que el lenguaje inclusivo no se limita a intervenir sólo el vocabulario, como cuando cambiamos el término negativo “invalidez” por el neutro de “capacidad diferente”. No interviene sólo en la selección de un término, sino en un sistema de concordancia que, aunque no parece esencial a las lenguas (es un hecho que es innecesario o excepcional), FINCA UN SENTIDO DE COHERENCIA EN EL DISCURSO. Por ello (y sólo en parte), LA RESISTENCIA ES MAYOR A LA HABIDA HACIA UN MERO CAMBIO DE VOCABULARIO; por ello (supongo), el cambio se percibe violento.

El abanico de alternativas parece ser o 1) anular el género gramatical (lo más radical) o 2) introducir otro u otros géneros o 3) “campechanear” priorizando el femenino o las formas abstractas y neutras. Desde luego, la otra oferta 4) es aprovechar la arbitrariedad del signo y dejar que por su uso las formas masculinas y binarias se usen como ni masculinas ni binarias, como dicen que siempre ha ocurrido (dejar el sistema intacto, en presunción de que su forma y uso no necesariamente refuerzan la hegemonía de lo masculino y lo binario).

Dije que los cambios del lenguaje inclusivo no me parecían tantos como para considerarlo un dialecto. Y, sin embargo, digo ahora que al rebelarse contra un sistema de concordancia que atraviesa la lengua castellana, se percibe como un cambio violento que puede generar más rechazo que un dialecto castellano cuyas formas nos parezcan excéntricas, impropias o “incorrectas”.


Empatía

 8 de abril de 2022

Considero que la vida social, la vida política, la ética, la vida humana, requiere construcción de empatía. 

Ni el respeto ni la tolerancia ni el derecho son suficientes. Es necesaria además empatía; al menos en grados y formas culturales diversas. Y conjeturo que, la disminución de la imbecilidad despótica de una civilización, tiene un tope que sólo puede ser superado cualitativamente por el mayor grado y arte de este ingrediente cultural. Conjeturo.

Aunque la empatía parezca una “potencia natural”, parcial origen o raíz del fenómeno de la vida social y la cultura; la empatía es una alternativa, no es un destino o determinación absoluto: el “ellos”, los “otros”, puede ser tan original como el “nosotros”; y dentro del “nosotros” no es necesaria “horizontalidad” o “equivalencia”.

La empatía, un "nosotros" que tira a la horizontalidad y la equivalencia, puede y debe hacerse… y hacerse frente a cosas (la cultura misma) que la estorban “justificada” e “injustificadamente”.

(Me preocupa que se me salga el cristiano que creció conmigo, que se quedó atrás pero que arrastro dentro; pero es lo que pienso)



Lealtad

 28 de marzo de 2022

No deja de asombrarme que nos sea comprensible, aceptable, ordinario, sin importancia o señalamiento de responsabilidad, que alguien nazca, viva y muera en la miseria; habiendo trabajado o sin haber encontrar ocupación que revierta su condición. Ahí está la gente tirada en las banquetas, que no sirve ni para las labores más simples; pues esos trabajos no valen lo que cuesta comida, familia y vivienda. Les toca calle. Es socialmente aceptable que una persona viva sin esperanza. 

Pero si hacemos el ejercicio de imaginar la expropiación de “medios de producción”, la mengua de algunas fortunas, nos recorre una angustia intensa. Es impensable. Al margen de que creamos (o no) que la socialización y burocratización nos conducirá a la ruina social (a la pobreza de todos); LA PENA Y SOLIDARIDAD QUE SENTIMOS POR ALGUIEN QUE ES DESPOJADO DE TANTO, ME CONTRASTA CON LA RESIGNACIÓN DE PRESENCIAR LA MISERIA y carencia de todo. 

Y no sé si la diferencia se explique en la simple creencia de que el propierario capitalista merece su propiedad, y el miserable su miseria. No sé si la tesis y supuesto de que la propiedad es “fruto del trabajo” (y luego “fruto del talento”) baste para justificar y hacer del todo comprensible la abundancia de uno y aceptable la miseria de otro. 

ME PARECE QUE EN ESTA ANGUSTIA POR EL DESPOJO DE UNO Y LA ACEPTACIÓN DE LA MISERIA DE OTRO ESTÁ EN JUEGO ALGO MÁS PRIMITIVO en nosotros; algo que ha estado en juego en todos los estadios históricos de nuestra estructuración social despótica; ESA LEALTAD Y SOLIDARIDAD HACIA EL PODER.

Sin agotar las conjeturas posibles o pertinentes al respecto, quisiera apuntar por último que, puestos es una "cosmovisión" individualista, LAS DETERMINACIONES IMPERSONALES O "ESTRUCTURALES" NO CONTRAEN UNA RESPONSABILIDAD ÉTICA. ¿Al miserable quién le negó el trabajo, si nadie está obligado a participarle del trabajo? o ¿quién le negó una utilidad suficiente por su trabajo, si eso lo determina el mercado? Nadie, personalmente, le ha negado nada. Tener trabajo o negocio, tener la utilidad suficiente, cuanto no depende de uno mismo, no depende de nadie. Es el mercado, es una determinación impersonal, estructural, "la realidad" misma. En cambio, creemos que la fortuna depende sólo de la acción del afortunado; y esta tiene un fuerte sentido ético: el mérito que todos reconocemos. 

Nada concluyo. Sólo me asombro de que la noción de "expropiación" nos parezca mucho más brutal e impensable que la miseria sin término.



4 de junio de 2022

Hace pocas semanas, ensayaba aquí la idea de que tenemos la tendencia a solidarizarnos con el poder. Exponía el contraste entre la aceptación de la miseria vitalicia de unos y el rechazo de la posibilidad de la expropiación de grandes negocios o capitales. 

Lo vuelvo a traer a cuentas, porque noté la facilidad con que muchos consideran que las concesiones del trasporte deberían retirarse para sustituir el servicio por uno público. Es decir: si el capitalista es pequeño, sin poder, "chusma", entonces no pesa retirar concesiones y cesar negocios, y no importa que sean miles las familias afectadas. En cambio, si fuese un gran capital o poder, un gran personaje, la convicción de retirar concesiones o expropiar no sería tanta. El dinero y el poder nos infunden "respeto", "lealtad", solidaridad.

Honestamente, los autobuses de ruta, como los taxis, son el tipo de "emprendimiento" al que acceden los pobres. Y no he visto grandes fortunas derivadas de tener uno o dos autobuses. Es fácil calcular que el precio de un autobús, más el mantenimiento, más la depreciación de la unidad, etc., no dejan un margen de ganancia que prometa una prosperidad privilegiada.

Yo sé que el servicio es malo. Pero, "pagar bien" por el servicio (de manera que los trabajadores del volante tengan alguna prosperidad por su trabajo) es algo que deberíamos poder todos. El problema no es que sea caro, es que la distribución de la riqueza, o la organización del trabajo y el consumo, o la dinámica de la economía o "el sistema" están... jodidos.

Pero sí: que el transporte sea público, y que quienes ahora piensan que es fácil quitarle las concesiones y negocios a la chusma también lleguen a pensar que es fácil a los "patrones" poderosos.

Opino.


Narrativa

10 de marzo de 2022

Y no es que estuviera yo en todo; pero sí creo que hace años, 15 o 25, la palabra “narrativa” no era tan trillada en las discusiones y medios públicos mexicanos como en últimos años. Tal vez no me enteraba. Tal vez el internet lo acentuó. O son las hegemonías en crisis. Pero es bueno, y ojalá nos mantegamos pensando y discutiendo narrativas.

Porque alguien dice “narrativa” para referirse a una “versión” con alguna complejidad y consistencia, algún sentido, alguna verosimilitud, alguna ‘racionalidad’. 

Esto supone conceder una esfera de sentido y lógica al relato del otro, que no es tanto como atribuir “verdad”, pero que es mejor que  dictaminarlo directamente como “falso-ignorante” o como “mentira” (con sus implicaciones éticas).

Dictaminar a alguien como ignorante (al declarar falso su relato) nos autoriza (o 'sentimos' autoridad) para descontarlo y regatearle contemplaciones (oído, dignidad, derechos). Dictaminar que miente o que es irracional, con sus matices, nos conduce a lo semejante.

Un segundo aspecto que recupero y valoro de la noción de “narrativa” es que supone “ser artefacto”, uno con el cuál nos damos ubicación, sentido y postura ante un mundo o circunstancia. 

La narrativa es un artefacto cultural cuya función inmediata no es ser ciencia. Es primero una necesidad antropológica o psicológica. Por ello, el “norte”, o el “arriba-abajo” respecto al cuál se articula una narrativa, se verifica en última instancia en un sentimiento. Ahí tiene su aplomo. Las 'razones' y los 'hechos' son meras tramas sostenidas por la urdimbre del sentimiento; y, sin este, difícilmente un hecho tendrá sentido y las razones algún poder.

Este reconocimiento del sentimiento, o de lo subjetivo o situacional, como complemento de la 'lógica' de las narrativas, y hasta como fundamento suyo, me parece ‘mejor’ (¿?) que su mero desconocimiento (de raíz e implicación ética), como a algo irracional o falso-ignorante o mentira-maldad. 

Hasta aquí el punto, y lo seguido será aparte.



Derecho de alianza

4 de marzo de 2022 

Oí en un foro de debate alegar sobre "los derechos de un aliado". Y me parece que hay que detenerse y asombrarse de ese supuesto, de que se estime que aliarse es un derecho, y que confiera derechos al aliado; porque parece parte, pero sustancial, del conflicto Ucraniano. 

Este derecho del aliado es bien fácil comprensible como cuando alguien dice “yo soy dueño de mi casa, elijo mis amigos y, como invitados, pueden hacer tanto como quieran y yo les permita”. 

Hagamos, sin embargo, el experimento de imaginar a Rusia y EUA como una pareja peleada que mutuamente ha solicitado una “orden de restricción”... E imaginemos a Rusia alegando que su “orden de restricción” vale más que el derecho del vecino, y del amigo del vecino, a hacer lo que quieran con su casa: “Oye, con ese amigo tuyo, yo tengo una solicitud de restriccion, no debe acercarse a mi casa”.

Pero no hay tribunal que decida o censure tales “solicitudes de restricción” (sólo con la amenaza nuclear, Khrushchev y Kenedy se concedieron alguna satisfacción a esa necesidad en los 60s). 

Creo que hasta la fecha Rusia no ha extendido su "escudo", sea por incapacidad o por decisión (no sé). Pero la OTAN sí ha extendido su alianza (y su derecho de aliado) hasta acercarse a la frontera Rusa, con el alegato de que "si los dueños de esas casas lo piden, nosotros vamos, y con todo el derecho". No hay tribunal que decida o censure una solicitud o acuerdo de restricción. EUA y la UE lo desconocen.

Y sí, hay que decirlo: ese derecho a solicitar un área de restricción está en otra lógica distinta, en un orden “no fresa” de ideas, en un lenguaje de guerra y de poder (como las alianzas "defensivas" lo están).

La “genialidad” de los EUA (y la UE) es convertir ese lenguaje de guerra, poder y hegemonía en un popular lenguaje de "seguridad mundial", que por cierto mamamos desde la cuna. Porque esa lógica de guerra esta por todas partes, pero barnizada de proyecto civilizatorio: liberar a los pueblos, evitar que razas o culturas corruptas amenacen la civilización, imponer la democracia, recuperar las libertades, traer la luz, asegurar la paz... 

Supongo que por eso es más fácil aceptar que EUA establezca una alianza de seguridad con un país al otro lado del mundo; que conceder alguna validez a una solicitud de restricción de Rusia sobre un país vecino.



Balcanización

1 de marzo de 2022 

Considero que deberíamos tener claro, por las "balcanizaciones" del XXI y del futuro... si:

Caso 1. Una minoría, que en un territorio es mayoría ¿tiene derecho a la autodeterminación o independencia? Yo creo que SÍ y que NO.

Caso 2. ¿Es legítima una independencia cuando beneficia a una plutocracia local o internacional, y esta ha promovido una narrativa que le da localmente el apoyo mayoritario? Yo creo que SÍ y que NO.

Caso 3. ¿Es legítima una independencia, si esta beneficia a otro Estado que la alienta? Yo creo que SÍ y que NO.

Caso 4. ¿Es legítima una independencia suscitada por algún cambio étnico y demográfico? Yo creo que SÍ y que NO.

Todo bien claro.



Discurso, autoridad y poder

28 de febrero 2022

En un diálogo de albures (doble lenguaje), se dice y se contesta algo (no siempre con coherencia) sólo como pretexto para decir y contestar otra cosa en otro orden de ideas.  El lenguaje político y diplomático puede ser semejante. La libertad, la democracia, la paz, el derecho, la soberanía, etc., son esas cosas que se dicen y discuten como pretexto para lo que de fondo importa: transformar el poder en autoridad o la autoridad en poder.

Digo sin exhaustividad.



OTRA NOTA SOBRE CIVILIZACIÓN

15 de marzo 2024  Otra nota sobre "civilización" Lo que sea la civilización me presenta dos notas inmediatas: por una parte, la tr...