8 de abril de 2022
Considero que la vida social, la vida política, la ética, la vida humana, requiere construcción de empatía.
Ni el respeto ni la tolerancia ni el derecho son suficientes. Es necesaria además empatía; al menos en grados y formas culturales diversas. Y conjeturo que, la disminución de la imbecilidad despótica de una civilización, tiene un tope que sólo puede ser superado cualitativamente por el mayor grado y arte de este ingrediente cultural. Conjeturo.
Aunque la empatía parezca una “potencia natural”, parcial origen o raíz del fenómeno de la vida social y la cultura; la empatía es una alternativa, no es un destino o determinación absoluto: el “ellos”, los “otros”, puede ser tan original como el “nosotros”; y dentro del “nosotros” no es necesaria “horizontalidad” o “equivalencia”.
La empatía, un "nosotros" que tira a la horizontalidad y la equivalencia, puede y debe hacerse… y hacerse frente a cosas (la cultura misma) que la estorban “justificada” e “injustificadamente”.
(Me preocupa que se me salga el cristiano que creció conmigo, que se quedó atrás pero que arrastro dentro; pero es lo que pienso)

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