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martes, 2 de agosto de 2022

Lealtad

 28 de marzo de 2022

No deja de asombrarme que nos sea comprensible, aceptable, ordinario, sin importancia o señalamiento de responsabilidad, que alguien nazca, viva y muera en la miseria; habiendo trabajado o sin haber encontrar ocupación que revierta su condición. Ahí está la gente tirada en las banquetas, que no sirve ni para las labores más simples; pues esos trabajos no valen lo que cuesta comida, familia y vivienda. Les toca calle. Es socialmente aceptable que una persona viva sin esperanza. 

Pero si hacemos el ejercicio de imaginar la expropiación de “medios de producción”, la mengua de algunas fortunas, nos recorre una angustia intensa. Es impensable. Al margen de que creamos (o no) que la socialización y burocratización nos conducirá a la ruina social (a la pobreza de todos); LA PENA Y SOLIDARIDAD QUE SENTIMOS POR ALGUIEN QUE ES DESPOJADO DE TANTO, ME CONTRASTA CON LA RESIGNACIÓN DE PRESENCIAR LA MISERIA y carencia de todo. 

Y no sé si la diferencia se explique en la simple creencia de que el propierario capitalista merece su propiedad, y el miserable su miseria. No sé si la tesis y supuesto de que la propiedad es “fruto del trabajo” (y luego “fruto del talento”) baste para justificar y hacer del todo comprensible la abundancia de uno y aceptable la miseria de otro. 

ME PARECE QUE EN ESTA ANGUSTIA POR EL DESPOJO DE UNO Y LA ACEPTACIÓN DE LA MISERIA DE OTRO ESTÁ EN JUEGO ALGO MÁS PRIMITIVO en nosotros; algo que ha estado en juego en todos los estadios históricos de nuestra estructuración social despótica; ESA LEALTAD Y SOLIDARIDAD HACIA EL PODER.

Sin agotar las conjeturas posibles o pertinentes al respecto, quisiera apuntar por último que, puestos es una "cosmovisión" individualista, LAS DETERMINACIONES IMPERSONALES O "ESTRUCTURALES" NO CONTRAEN UNA RESPONSABILIDAD ÉTICA. ¿Al miserable quién le negó el trabajo, si nadie está obligado a participarle del trabajo? o ¿quién le negó una utilidad suficiente por su trabajo, si eso lo determina el mercado? Nadie, personalmente, le ha negado nada. Tener trabajo o negocio, tener la utilidad suficiente, cuanto no depende de uno mismo, no depende de nadie. Es el mercado, es una determinación impersonal, estructural, "la realidad" misma. En cambio, creemos que la fortuna depende sólo de la acción del afortunado; y esta tiene un fuerte sentido ético: el mérito que todos reconocemos. 

Nada concluyo. Sólo me asombro de que la noción de "expropiación" nos parezca mucho más brutal e impensable que la miseria sin término.



4 de junio de 2022

Hace pocas semanas, ensayaba aquí la idea de que tenemos la tendencia a solidarizarnos con el poder. Exponía el contraste entre la aceptación de la miseria vitalicia de unos y el rechazo de la posibilidad de la expropiación de grandes negocios o capitales. 

Lo vuelvo a traer a cuentas, porque noté la facilidad con que muchos consideran que las concesiones del trasporte deberían retirarse para sustituir el servicio por uno público. Es decir: si el capitalista es pequeño, sin poder, "chusma", entonces no pesa retirar concesiones y cesar negocios, y no importa que sean miles las familias afectadas. En cambio, si fuese un gran capital o poder, un gran personaje, la convicción de retirar concesiones o expropiar no sería tanta. El dinero y el poder nos infunden "respeto", "lealtad", solidaridad.

Honestamente, los autobuses de ruta, como los taxis, son el tipo de "emprendimiento" al que acceden los pobres. Y no he visto grandes fortunas derivadas de tener uno o dos autobuses. Es fácil calcular que el precio de un autobús, más el mantenimiento, más la depreciación de la unidad, etc., no dejan un margen de ganancia que prometa una prosperidad privilegiada.

Yo sé que el servicio es malo. Pero, "pagar bien" por el servicio (de manera que los trabajadores del volante tengan alguna prosperidad por su trabajo) es algo que deberíamos poder todos. El problema no es que sea caro, es que la distribución de la riqueza, o la organización del trabajo y el consumo, o la dinámica de la economía o "el sistema" están... jodidos.

Pero sí: que el transporte sea público, y que quienes ahora piensan que es fácil quitarle las concesiones y negocios a la chusma también lleguen a pensar que es fácil a los "patrones" poderosos.

Opino.


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