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lunes, 22 de febrero de 2021

ANSIEDAD E INSTITUCIONES

21/02/2021

Como las costumbres, las instituciones reducen la ansiedad; pues otorgan a las acciones o conductas públicas un carácter impersonal. No sólo nos hacen previsible el entorno humano; sino que le restan filo a la presencia ajena, la auténtica presencia del otro, su juicio, expectativa y voluntad. 

Una vez oí, de no sé quién, que el motivo por el que nos sentimos tan cómodos en medio de la naturaleza es porque ella no puede hacer una opinión de nosotros. 

Y sí, no es lo mismo resolver un crucigrama en solitario, que ser observado por encima del hombro, como en el Metro. 

La normatividad recubre la personalidad del agente. 

Esta despersonalización de lo institucional, tan necesaria para la civilización, tiene sus inconvenientes. Quiero señalar dos:

1) Tiene un "inconveniente" ético. La despersonalización nos facilita prescindir de la empatía. Poco nos importa, y más bien incomoda, “lidiar” con la peculiaridad de las personas.

2) Esta comodidad de lo impersonal nos vuelve tal vez demasiado conservadores, pues el cambio o ruptura de costumbres e instituciones nos amenaza como un desagradable o temible caos de intenciones. 

Hace poco reflexionaba sobre el dinero... El dinero, como instrumento de nuestro comportamiento económico, ha llegado a establecer y cortar casi todo laso social o humano (ético y político). Fuera de la contractualidad mercantil, cesa casi toda corresponsabilidad. 

Uno paga y no necesita saber más. Y tenemos una resistencia visceral a pensar que podemos estar involucrados ética y políticamente de modo más amplio con los demás.

Y conjeturo... que la contractualidad mercantil es aceptada como el límite de toda corresponsabilidad por otra razón además de su simplicidad: 

La contractualidad mercantil nos construye la ilusión de independencia. Nos permite experimentarmos en todas nuestras interacciones sociales como un balance saldado. Nos cierra a la presencia del otro. Y nos  priva de no poca ansiedad.

sábado, 20 de febrero de 2021

DESPOTISMO, VÓRTICE Y ELASTICIDAD

18 de febrero de 2021

Otra sobre despotismo (vórtice y elasticidad)


Habitan el aire, la calle, dos afirmaciones en disputa sobre el origen de la riqueza:

1) El empresario crea los trabajos y la riqueza.

2) El trabajador crea la riqueza.

(Dejemos de lado de momento a la naturaleza)

De fondo no se discute si ambos (empleador y empleado) trabajan, o si el trabajo es o no creador. Lo que se discute es otra cosa, se discute cierta primacía.

Lo que se disputa es “quién necesita más de quién (quien es más prescindible)”. 

Se discute la base y justificación de una relación despótica, en la que el beneficio o perjuicio de una persona está en manos de otra, sin que el beneficio o perjuicio de esta última esté en manos de la primera.

*

Las relaciones humanas tienden a generar estás estructuras despóticas. En la familia, en el trabajo, en la comunicación, la academia, la burocracia, la política, las relaciones internacionales, en la economía, etc. 

La búsqueda de supervivencia, seguridad y preminencia operan en las organizaciones humanas algo parecido a las formaciones en “V” de los gansos en migración: la dependencia, subordinación y lealtad se alinean en cuña.  Es fácil quedar atrás o afuera, si no se aprovechen las corrientes en vórtice de la misma formación.

El despotismo se vuelve cultura y realidad del mundo, y se presenta como justicia y orden de las cosas mismas.

*

En el México preindustrial este despotismo tenía otra base y justificación. Materialmente, se consolidaba con la propiedad de la tierra, el control del comercio regional y el privilegio de casta. Viendo hacia el pasado, parece fácil cuestionar las bases de ese despotismo fundado en los latifundios, los monopolios mercantiles y los privilegios de casta propios la sociedad virreinal.

Pero, con la industrialización, las base material del despotismo se vuelve más compleja. Porque la tierra no se estira (es limitada); pero el capital y el mercado sí se estiran. De modo  que, en la sociedad postindustrial y de mercado, parece que todos cabemos. “No más hay que saberse mover y hacerse caber”. 

Y este es el discurso hegemónico que impide la visión o reconocimiento de nuestra compleja estructura despótica.

El empresariado se presenta como un artesano que amasa y estira el capital y el mercado para que todos quepamos en la economía. Ahí nace la nueva tierra que sembramos.

Esta noción de "elasticidad" de la economía, tan difundida, disimula su rigor excluyente...  tan realidad del mundo, justicia y orden natural de las cosas.

HECHO, CONTEXTO HISTÓRICO Y DISCURSO HEGEMÓNICO

13 de febrero de 2021 


Caso 1

Hace días, con motivo de las celebraciones afromexicanas, una institución cultural publicaba acá en Facebook varios datos; entre ellos que hubo tráfico ilegal de esclavos, además del LEGAL. ...lo que hace ruido. 

Es claro: “Tráfico ilegal de esclavos” significará aquí “contrabando”, mientras que “tráfico legal de esclavos” significa “con licencia de la monarquía española”. 

Aquí se habla de un hecho (el secuestro y venta de personas) desde el discurso hegemónico propio del contexto histórico. Hablar de “esclavitud legal” parece pues... correcto; y sin embargo, algo no dejará de crujir y hacer ruido (y por favor).

Caso 2

Luego, en un artículo de divulgación (de un Javier Torres Medina, en la revista Relatos e Historias de México), leí algunas línea chocantes sobre la lucha electoral entre Vicente Guerrero y Gómez Pedraza: 

1) “En la Ciudad de México había movimientos de milicias cívicas, mientras que la GENTE se entretenía asistiendo a la ópera para escuchar La Cenicienta y Tancredi de Rossini.”  

2) “El movimiento se radicalizó y el 4 de diciembre, con el apoyo de Guerrero, Lorenzo Zavala y el militar Lobato, una CHUSMA compuesta de mendigos, léperos, ex convictos, soldados y un sinnúmero de pobres de la ciudad se dirigió al Parián….” 

3) “En Xalapa, el POPULACHO reunió al ayuntamiento de aquella villa para desconocer la autoridad de los electores…”. 

¿...?

¿Por qué la gente de la Ciudad de México (la única que merece llamarse "gente", y no chusma o populacho) escucha ópera?   Se entiende que con las palabras “populacho” y “chusma” el autor recrea el discurso (hegemónico) propio de la época.  Pero ¿es eso nada más? 

¿Está usando y reproduciendo aún esas categorías sociales y su discurso hegemónico? 

¿El contexto histórico que explica un hecho o "realidad" es lo mismo que su discurso hegemónico, o son discernibles en cierto modo? 

Para cuidar la comprensión de un hecho, sin sacarlo de su contexto ¿Es necesario reproducir y dar continuidad al discurso hegemónico propio del contexto histórico?

Es, en general, un importante tema de análisis.

3

Es 2021 y, aunque la pandemia recubre todo,  en algunos días relumbrarán las polémicas sobre la reescritura de la historia, sobre la reproducción y continuidad de los discursos hegemónicos... cuando se acerquen los 500 años del control europeo sobre esta ciudad.

COSTUMBRE Y PROPIEDAD DE LA TIERRA

 12 enero 2021 

Costumbre

La costumbre es la costumbre, es lo que “se hace porque se hace” y, para tener fuerza y validez pública, no requiere otra que la de la costumbre misma. Y puede haber costumbres con mucha fuerza pero con poco sentido o fundamento.

Una costumbre no requiere razones para tener fuerza; no obstante, puede coordinarse con ellas. Las costumbres pueden articularse y apoyarse en razones más o menos imprecisas, y de manera más o menos expresa. La claridad o sentido aparente de una costumbre puede encubrir segundas intenciones.

Propiedad de la tierra

Hubo un derecho o razón de fuerza (violencia) y un derecho o razón divina explicando las costumbres de propiedad de la tierra. 

Tanto la violencia como lo divino han dejado de admitirse en la argumentación que confiere carácter de “derecho” a las costumbres de propiedad. Ni dios ni la violencia son bien admitidos en la explicación del derecho. Sin embargo, tanto la violencia como lo divino siguen teniendo fuerza, aunque de manera más encubierta. 

Estado, violencia racional.

En teoría, el Estado es violencia, es el trasfondo de violencia necesaria para que no sea la violencia misma la racionalidad o criterio que dirima las relaciones (y los derechos de propiedad). 

Sin embargo, el Estado mismo vacila cuando su "violencia racional” deja de servir a los intereses de un grupo. Y cuando el Estado (violencia que quiere vencer la ley del más fuerte) llega a ser el juez y la policía compradas por una facción para imponer o proteger sus intereses.

Nueva costumbre

Aunque hoy en día siguen habiendo grandes latifundios, el derecho a la acumulación de la tierra parece tener poca fuerza. Tras la revolución de 1910, tras el zapatismo y el cardenismo, le quedó muy poca defensa ideológica. 

Sin embargo, el cambio de la sociedad agrícola a la sociedad industrial resto atención y tensión sobre los latifundios. Las ciudades se abrieron y se convirtieron en el nuevo horizonte de vida. 

La acumulación de la tierra dejó de ser el aspecto y modelo de la exclusión y la injusticia. Pasamos esa página y estamos en otra  (¿Cómo se lee? ¿Qué dice?).

SIGNIFICADO DE LAS CONTRIBUCIONES

 28 octubre 2020 

Hay varias formas de entender las contribuciones o los impuestos. Me interesa apuntar tres.

En una, el Estado es una entidad económica cualquiera, un prestador de servicios, un intendente del espacio público, y un empleado. La razón de ser del Estado es la prestación de servicios, y la contribución es un pago por estos. Esta idea le encanta a las personas que "me caen mal".

En otra, el contribuyente concede al Estado un carácter "no meramente mercantil". le reconoce la función política de garantizar derechos aunque "en la medida de las posibilidades" (en la medida que la recaudación lo permita). Los impuestos son "coperacha" solidaria.

En la tercera, el impuesto es un mecanismo de   r e d i s t r i b u c i ó n    de la riqueza    s o c i a l m e n t e   p r o d u c i d a.   Esta idea supone reconocer que los instrumentos que organizan la economía (el dinero, el mercado, las leyes laborales y de sociedades, etc) son políticamente "imperfectos". El sistema (económico) requiere la acumulación y la competencia (excluyente), la iniquidad, pero no soporta (políticamente) tanta. Con la redistribución se libera parte de la tensión que permite al capitalismo ir a flote.



HUMANIDAD DE SEGUNDA E INSTITUCIONES

 17 octubre 2020 

Las personas que "se toman en serio" (que no se sienten “de segunda”, que toman en serio su humanidad, que creen leer la Matrix) pueden hacer, participar y modificar instituciones.

Si no, no.

No digo que haya humanidad de primera y de segunda. Digo que hay quien creció en la confianza, quien se hace de confianza, y quien creció y es confinado a la desconfianza (como que hay racismo, clasismo, y colonialismo, por ejemplos)

Los que crecieron en la desconfianza, desde siempre designados a al otro lado de la barandilla donde atiende el poder, ven al mundo como un tejido cerrado de instituciones desvinculadas de la toma de alternativas humanas, de voluntades personales. Todo es destino o fatalidad.

*   *   *

Una institución es un juego: es una convención sobre los participantes, sus roles, un espacio, las reglas, las funciones, las responsabilidades. Una institución es un Estado, una escuela, un negocio, un club, un colectivo, un sindicato, grupo político, una estructura administrativa, asociación, organización, etc.

Las personas “que se toman en serio” suelen hacer, participar, criticar y modificar instituciones.

Lo ven claro: el cosmos de las instituciones no puede tener dimensión mayor que la humana (las persona son en esa dimensión cósmica).

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No digo que las personas que hacen e intervienen en las instituciones son, por ello, virtuosas. Es otro tema.

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En la construcción y participación de instituciones se construye y participa del poder.


ASERTIVIDAD RETÓRICA

 9 octubre 2020 

Lamentablemente, el tono de hablar “asertivo” funciona como uno de los primeros y más poderosos indicadores de que alguien “habla con razón”. 

Ojalá un día todos experimentemos un grado de “pena ajena” por quien abusa de ese recurso y también un grado de “indignación propia” ante quien no concede un espacio para decir “no”, “no del todo” o "aunque" sin ruptura.

(Debo decirlo desde la duda)


DERECHO DE MOTÍN

 5 octubre 2020 

Por una lógica elemental, semejante a la del derecho a la legítima defensa, toleramos el desorden y violencia de los reducidos a la impotencia, de los acorralados, sin alternativas para salvaguardar un bien o derecho esencial o sobreponerse a la injusticia.

Comprendemos que hay una ira legítima. La transgresión del orden y la violencia derivadas a veces incluso pueden suscitar nuestra adhesión.

PODEMOS DISCUTIR LA IRA LEGÍTIMA, LA VULNERACIÓN DE CUÁLES BIENES O DERECHOS LA PRETEXTARÍAN, LA EXISTENCIA O INEXISTENCIA DE ALTERNATIVAS DE REACCIÓN, LA INOCENCIA DE LOS ACUSADOS Y AFECTADOS POR LA IRA. Pero creo que la mayoría convendremos en que hay ira legitima y alguna tolerancia y hasta solidaridad con los arrebatos.

Esta consternación, ira y violencia es materia política.

Las convenciones sobre lo que es un derecho y sobre lo  intolerable van moviéndose juntas. Y las instituciones adquieren el carácter de válvulas de escape, alternativas ante la reacción de la impotencia e ira.

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Personalmente, creo que la única manera de sostener un estado de no-violencia no es des-pensando la violencia; sino advirtiendo su presencia, su lógica, como sustrato de nuestras costumbres y sociedad, de nuestras instituciones, de nuestras conductas y valoraciones, del orden y estado de las cosas.

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Las manifestaciones públicas de protesta son cosa ritualizada, habitual, pero de sentido opaco. Generalmente se comprenden como ejercicios de expresión, de “libertad de expresión”. Pero las marchas y mítines no sólo comunican un mensaje.

Las concentraciones públicas de protesta, además de expresar unanimidad; expresan consternación o ira; y colindan en el imaginario público con un fenómeno político importante: EL MOTÍN.

En la historia de las sociedades, hay miles de manifestaciones, y sólo un puñado de motines; pero, aunque escasos, su imagen (casi mítica) imanta a las concentraciones públicas, les confiere un aura y peso político.

Algunas revoluciones y contrarevoluciones suelen comenzar o auspiciarse por un motín, y cada motín suele comenzar con una manifestación o congregación pública. 

Llegando al grado de “motín”, la violencia deja de ser “vandalaje” y adquiere valor político e histórico.

En mi opinión, el fenómeno del motín se “conmemora” o representa en cada congregación de protesta; y forma parte de su mensaje.

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Hay un merequetengue para descalificar grupos o salvar reivindicaciones de la atribución del uso de la violencia.

La tesis de fondo, me parece, es que una persona que ejerce violencia no puede sustentar una reivindicación valida; lo que implica introducir, por estipulación, una incompatibilidad artificial entre la concentración pública y el motín.

En el discurso imperante, toda la violencia ha de venir o de infiltrados y provocadores. o de una “minoría radical” despojada de todo vínculo con las reivindicaciones válidas.

En este país nomás no se puede ser violento y tener reivindicaciones.

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La violencia por parte de grupos de manifestantes (agresión a los cuerpos de seguridad del Estado y daños a la propiedad pública y privada) “juega” a construir la ilusión del motín.

Y uno podrá decir que las capuchas son el indicio de que no están dispuestos a romper con el orden que fingen abolir, y que se saben minoría afuera de la unanimidad, y que se refugian en la mayoría, y que agreden y luego se victimizan, y que construyen la imagen del motín y del revolucionario amotinado por autocomplacencia narcisista, como a veces me parece, y etc.  Y tal vez. Pero debemos ser más cautelosos en el análisis de esta violencia.

Procuraré articular lo que se me ocurre a este respecto, otro día...


CONTRAVENIR EL ORDEN MUNDIAL

 30 septiembre 2020 

Los buques cañoneros nunca desanclaron en Veracruz. Nuestra democracia no es libre de discutir el ordenamiento de su sociedad, del Estado, si no es en sintonía o subordinación al “orden mundial”. 

La soberanía de las naciones es un redil.

Aunque la riqueza, hoy menos que nunca, carece de “patria” (su ciudadanía es un débil y mudadizo contrato fiscal); sigue habiendo Estados que, en nombre de los intereses de sus ciudadanos, con o sin “acuerdos internacionales” en mano, controlan el sistema económico, político y jurídico fuera de sus fronteras.

Los buques cañoneros siguen anclados en Veracruz.

Claro que contravenir el orden mundial tiene un dramático “costo” inmediato, un escenario de ruina. Pero la resistencia a pensar alternativas no radica tanto en el miedo al caos; como en la invisible y arraigada subordinación… 

Pensamos que estamos engranados en el “orden mundial” porque es lo racional mismo, el orden natural o más inteligente de las cosas.  En adhesión a “la razón”, creemos ser libres. Es como, cuando niños, creíamos que el mundo era racional, bien hecho, bueno, porque lo hacían los adultos.

Contrariar el orden mundial (el sistema económico y jurídico) es impensable, y es pensable.

Acaso no saldremos ya nunca del orden mundial: deberemos modificarlo. No vivirían para verlo. Pero hay que permitirse el pensarlo, y pensarlo en voz alta..


comentario1

Aunque nadie me lo pregunte, apunto que algunos acuerdos internacionales pueden parecerse a los registros de una antigua tienda de raya. Es decir... ¿un convenio o contrato puede restringir o suprimir qué derechos o libertades? ¿Cuáles son los límites de las responsabilidades? Podemos pensarlo de cara a la deuda argentina con el FMI, por ejemplo; pero también de cara a los viejos procesos de estatización (expropiación) de sectores productivos (¡qué escándalo!). Por otra parte, es tan temible la acción militar como la aplicación masiva, mundial, de la ley del hielo (bromeo, pero sí el el peldaño inferior inmediato).


CONSUMISMO

 24 agosto 2020 

Con la palabra "consumismo" solemos indicar algún abuso. Y solemos vincular al consumismo con la injusticia. A veces lo vinculamos como un mero indicador, otras veces lo comprendemos en una relación causal.

Sin embargo, cuando hablamos de justicia, generalmente pensamos en que los excluidos del consumo participen de él.

Por lo que tendríamos que decidir... si 1) concebimos a la popularización del consumismo como meta de desarrollo (el  “estilo de vida americano”); o 2) si concebimos como meta cierto “consumo responsable” (no abusivo).

*      *      *

Otro aspecto del consumismo que me desconcierta y llama la atención es su relación con las soluciones a los problemas económicos...

Siempre suponemos que, para incluir a más personas en el consumo, hay que introducirlas “primero” en las cadenas productivas; pero, para introducir a más personas en las cadenas productivas, se requiere “antes” aumentar la demanda o el consumo mismo.

¿Usaremos el consumismo como meta y método de desarrollo, o conviene hacer ajustes a la meta y el método?

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A ojo de buen cubero, yo encuentro tres reproches al consumismo.

1) El primero, ya para siempre crucial, es el daño ambiental. Y no hay mucho que abundar.

2) Lo segundo es mucho más complejo, difícil de nombrar y de abordarlo correctamente. Pero me simplificaré señalando el carácter “obsesivo” del consumismo. Y basta por ahora con la noción de que la obsesión es cierta desproporción de nuestra valoración.

La obsesión consumista no es como una adicción personal, que resulta socialmente irrelevante. Al contrario, el consumismo llega a ser tan socialmente relevante, que parece “lo social” mismo.

El consumismo puede juzgarse como una distorsión, promotora de un egoísmo resistente al sentido de solidaridad y de justicia (No sé bien que digo con esto, pero aclararlo es otro tema).

Personalmente, cuando no puedo consumir me siento desconectado del cosmos. Y cuando al fin compro algo, me siento de regreso, conectado, plenamente existente (aunque este existir pleno sólo sea el olvido del vacío de mi vida, vertido en la obsesión de novedades). Pero también se puede consumir urgentemente por estatus, para marcar pertenencia de grupo  (igualmente jodido).

3) En tercer lugar… Advierto que en el mercado, asociado a las prácticas consumistas,  prevalece la producción y demanda de lo fútil en detrimento de lo "esencial".

El mercado (su demanda y la planta productiva que la atiende) no parece inteligente.

El albañil, por ejemplo, no tendrá casa y acaso le sea más conveniente ganarse la vida vendiendo chucherías.


SOCIALISMO E INSTRUMENTOS DE CORRESPONSABILIDAD

 22 agosto 2020 

Autarquía.

La mayoría piensa que un socialista aspira a que el Estado le de todo, que un socialista no aspira a “valerse por sí mismo”, que es como un eterno niño en busca de un Estado paternal, y que su sentido de dignidad es un complejo de víctima.

Sean o no empleadores o inversionistas, los anti-socialistas honran la actitud contraria, actitud en que la persona se impone no valerse de nada o nadie sino de sí misma. Esta actitud, se entiende, hace la diferencia entre acabar por necesitar o no del Estado (esperar o no, pedir o no). Pues, “el que quiere puede” (Disney) y “la cosa es buscarle” (Indio).

Y en esto no nos hemos entendido.

Un “socialista” también se satisface de valerse por sí mismo, y no aspira a descargarse de responsabilidad y privarse de mérito. Pero la economía capitalista le parece un juego de mesa mal hecho, en el que la mayoría queda obligada a apostar  “al poco o nada” la calidad de su única vida, y en el que la estrategia y el azar poco compensan el peso de la amañada repartición inicial de cartas. Un sistema de juego desequilibrado y excluyente que auspicia tanta estupidez y “mediocridad” (¿...?) como la que condena para legitimarse. 

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Codependencia.

De frente al problema, yo creo que los términos de un “valerse por sí mismo” está en función de las instituciones o los instrumentos que marcan los límites de la corresponsabilidad y la independencia, dirimiendo la fundamental codependencia material.

A mi me parece que las actuales instituciones e instrumentos determinan que la “corresponsabilidad” sea muy menor que la “codependencia” (material). Somos mucho más codependientes que corresponsables. De modo que, una vez saldadas las “responsabilidades” instrumentadas, quedamos en una “independencia” irresponsable que acepta y justifica la exclusión, la asimetría o injusticia.

Personalmente, creo que podemos ser independientes (valernos de nosotros mismos) en otros márgenes de responsabilidad, mediante la redefinición de instituciones e instrumentos. Por eso, aunque no viviré para ver un mundo socialista, hoy me digo socialista. Costará trabajo persuadir de que (contra la lógica de la exclusión) incluir no implica despojar.

DERECHOS Y AUTARQUÍA

 22 agosto 2020 

Exigibilidad de derechos.

Supongo que no es fácil ver que, llevados por el orgullo de “valerse de sí mismo”, debilitamos o anulamos la exigibilidad de un importante conjunto de derechos convenidos y constituidos, se justifica su no-efectividad (sin derogación).

Consideren lo siguiente: los derechos económicos son la condición o llave del cumplimiento de una sarta de importantes derechos. Sin el cumplimiento de los derechos económicos, es inviable tener una casa, una familia, atención médica, esparcimiento, educación, etc.

Un anti-socialista tenderá a pensar que... nadie en particular (ni la sociedad en su conjunto o el Estado) obstruye tus derechos: nadie te impide que tengas trabajo, que compres casa, que tengas atención médica, unas vacacioncitas… Nadie lo impide. Pero tienes que buscarle y ganártelo.

Aquí, el derecho se cumple con que “nadie te lo impide”. Pero cada quién se lo ha de ganar. Es pesado el argumento ¿no?

CONTRACTUALIDAD MERCANTIL Y RESPONSABILIDAD

 22 agosto 2020 

¿Cómo llegamos a persuadirnos de que “nos valemos de nosotros mismos” si somos tan codependientes?  ¿de qué se hace nuestra ilusión de “independencia” (si materialmente no lo somos)?

Toda deuda se salda con dinero, toda dependencia y responsabilidad se salda con dinero. El dinero es todo laso y, a su vez, corta todo laso.

La primera irresponsabilidad e independencia la elaboramos con la institución del dinero.

Nos experimentamos como un balance saldado o saldable.  El instrumento del dinero opera sobre nosotros una suerte de delimitación moral y jurídica, en los términos de una balanza comercial.

Fuera de la contractualidad mercantil nada más debemos ni esperamos. Sólo esperamos lo que merecemos, y lo que merecemos se mide con dinero. Merecemos tanto como dinero tengamos. El dinero mide nuestro derecho. Esta es nuestra primera y más arraigada convicción ética y jurídica.

INDIGENAS Y EXCLUSIÓN

 26 julio 2020 

Quizá ...no es tanto que a las comunidades indígenas se les excluyera y excluya económicamente, sino que las comunidades que se siguen reconociendo como indígenas persisten como tales por obra del aislamiento económico. No se les excluye por ser tales, la exclusión les mantuvo como tales.

Habrá que decir que los indígenas fueron (fuimos), han sido, son… “integrados”. El problema (me parece) son las características o modalidad de su “integración” constante. Ya es brutal y paradójico que la población original de un territorio deba “integrarse”... cultural, política y económicamente a lo siempre ajeno.

*    *    *

El problema fue, primero, el “modelo de integración”, que fue un modelo de explotación basado en la discriminación étnica. La integración siempre supuso la asimilación de este ordenamiento de dignidades, de posiciones, funciones o posibilidades.

Las formas culturales que derivaron de ese modelo se consolidaron y reproducen incesantemente, resistiendo las mejores intenciones.

*     *    *

Una observación que siempre me causó asombro... es el criterio estricto con el que delimitamos "lo indígena". Siempre llamó mi atención, por ejemplo, que el indígena "urbanizado", castellanizado y privado de sentido de pertenencia, pueda no considerarse tal, y se "nos" convierta en "naco", “chundo”, "macuarro", etc. Y que "nuestros" problemas, el de “nosotros los nacos" y el de ellos los indígenas, se estimen generalmente inconexos.

Yo tengo la noción (para no decir “intuición”) de que ese criterio estricto para definir lo indígena opera “en contra” de los indígenas “culturales”, en contra de los indígenas “genéticos”, y de los mestizos. Tengo la noción de que, con la imposibilidad del “nosotros” entre indígenas culturales, indígenas genéticos y mestizos (en una construcción cultural ad hoc que no enmascaré las diferencias), nos confinamos, nos empujamos mutuamente a las posibilidades determinadas desde el viejo régimen criollo (racismo hoy clasismo "pigmentocrático").

Tal vez me equivoque.

CLIENTELISMO Y DERECHO

 13 julio 2020 

Hay dos nociones vinculadas al “clientelismo”. Una es el "condicionamiento" y otra es la "prerrogativa (injusta)".

No toda prerrogativa puede acusar clientelismo. Y tampoco todo condicionamiento. Espero explicarme.

*    *    *

En su versión primitiva (esencial) el Estado es un golpeador que vende protección a sus sometidos. El Estado se legitima y moraliza con la promesa de golpearte y robarte menos que otros, de ordenar y moderar la violencia. “Si yo no estoy (dice el Estado) te irá mucho peor”. En este sentido fundamental, todos y siempre somos clientes del Estado.

Supongamos ahora que ese Estado primitivo anda el tiempo y le brotan (no describiremos cómo) esas cosas de los “derechos” de los gobernados, de los “derechos” de l@s ciudadan@s, de los “derechos” humanos… El Estado sigue vendiendo protección, es decir, la garantía de nuestros derechos. Aunque estos ya los comprendemos “propios” y no una merced.

Siempre que votemos por una administración que promete garantizar nuestros derechos, ¿seremos clientelares? En cierto modo sí, y otro modo no.

Acusamos clientelismo o 1) por el condicionamiento de una prerrogativa que no debe constituirse en derecho, o 2) por el condicionamiento de una prerrogativa que debería constituirse en derecho, o 3) para sostener una prerrogativa injusta que vino a constituirse en derecho indebidamente.  Eso creo.

En todo caso, la discusión debe centrarse (primero) sobre si una prerrogativa es justa y merece ser derecho. Y luego ver si ese derecho se está condicionando a la permanencia de un liderazgo.

*    *    *

Pensemos ahora en la posibilidad de las modificaciones constitucionales...

...Pensemos en que los derechos son convenciones que se alcanzan y robustecen o se adelgazan y pierden.

Habría que pensar que... los retrocesos en los derechos laborales de las últimas décadas se debieron a que descubrimos un día que las grandes “conquistas laborales” eran prerrogativas injustas o inadecuadas que vulneraban nuestro “derecho a un mejor futuro”, un futuro moderno. ¿Fue así como se dijo, o no?

Si hubiésemos votado por algún partido que hubiera conservado esas prerrogativas injustas dentro de los “derechos” constituidos, habríamos sido clientelares.

De igual modo a futuro: todo voto por la conservación o adhesión de derechos será clientelar. ¿Es así?

*    *    *

Obviamente, quiero decir que el debate debe centrarse en la distinción entre “prerrogativa injusta” y “derecho”. Por lo demás, toda prerrogativa que no se constituya en ley es clientelar. 

...¿o no? Esto dejaría a todo programa temporal, emergente, transitorio, "estratégico"... en el saco...

*    *    *

Por último apuntaré... que a los que se precian de "no esperar del Estado nada y valerse por si mismos", toda responsabilidad social del Estado les parecerá, no un derecho, sino una prerrogativa injusta y clientelar.

Pero este es otro debate.


EL DINERO O LA ASAMBLEA

 23 julio 2020

El dinero o la asamblea.

Para pensar la economía, me parece siempre adecuado empezar por un esquema sin dinero; considerar sólo al TRABAJO y al CONSUMO como nociones de acceso al tema. Los aspectos o conceptos de “trabajo” y “consumo” son esenciales del fenómeno económico; el dinero, en cambio, es un aspecto accesorio, secundario.

Habiendo puesto ya la vista sobre la economía (trabajo-consumo), podemos luego preguntarnos por la función del dinero. Supongamos que “EL DINERO ES UN INSTRUMENTO PARA ORGANIZAR EL TRABAJO Y EL CONSUMO". Esta afirmación puede no ser exhaustiva, pero no desatina y tiene la ventaja de no alejarse corriendo del esquema esencial, quedando referida a él... sin encubrirlo.

Ahora bien… el planteamiento de “trabajo-consumo” está obviando a las personas que trabajan y consumen; pero hay que enfatizarlas e introducirlas a nuestro esquema rudimentario de economía.

Partiendo de la consideración de las personas, se abren dos direcciones: 1) considerar a las personas como “consumidores y trabajadores”; y 2) considerar al trabajo y al consumo como asuntos “personales”, es decir, como asuntos ético-políticos. 

Aquí observo lo que me parece más importante: que estamos más dispuestos a pensar a las personas como meros consumidores y trabajadores, que a pensar a los actos económicos en su dimensión ética-política. ¿Cómo ocurre esto?

Yo salgo a comprar mi cuarto de queso oaxaca, llevando un dinero "no robado", y en la tienda pago el precio que a la tendera le recupera el costo y deja alguna ganancia por su servicio. Este es el tipo de eticidad y policia que estamos dispuestos a vincular a nuestro comportamiento económico ("no robar"). Y estoy seguro que, como yo, muchos tienen una resistencia visceral a pensar que estamos involucrados ética y políticamente de modo más amplio.

*    *    *

Abreviando, me apresuraré en la conjetura de que… nuestra resistencia a admitir el carácter ético-político de nuestro comportamiento económico supone una intensa repugnancia por la ASAMBLEA...

Sin dinero, la organización del trabajo y el consumo se nos presenta o 1) como un acto despótico (del patriarca o big brother) o como 2) un acto multitudinario, caótico, azaroso e infinito de riña y discusión, una asamblea.

El DINERO nos libra de ASAMBLEAS y nos esconde el rostro del PATRIARCA. Nos permite sentirnos “propios” aún en situación de apremio y miseria.  Creo que en eso está la fuerza que nos contiene estrictamente en los límites de la racionalidad del dinero, por más brutales que sean las consecuencias de esta racionalidad.

Porque el despotismo (patriarcal) sigue vigente en el poder del dinero, y el caos, el azar y la lucha infinita (de la asamblea) sigue viva en el mercado... Pero de otro modo; de un modo que (por más impersonal) nos propicia menos ansiedad... Me parece... debo precisarlo.

La profunda disyuntiva “el dinero o la asamblea” es cierta y es falsa. Espero explicarme cómo, pero luego.


AMLO Y LOS LÍMITES DE SU IZQUIERDISMO

 10 julio 2020 

En lo económico, Andrés Manuel no es socialista, y de “izquierda” tiene lo que tiene de izquierda el keynesianismo. Es decir, que es en efecto una izquierda, pero dentro de los márgenes del capitalismo, frente a otras posiciones (el neoliberalismo) que descuentan la responsabilidad o competencia del poder político en la regulación de los procesos de exclusión y desigualdad económicas y sociales. Eso en mi opinión, la cual puedo discutir.

Y es una izquierda pragmática. O diría "factible". Su proyecto tiene dos fronteras:

1) Un límite es el de la gobernabilidad. Habrá ciertas acciones hacia las que Andrés Manuel “desearía” transitar, pero que supondrían una inestabilidad económica y política que comprometería la gobernabilidad. Un ejemplo es el TLC ahora TMEC. Puedo suponer que Andrés Manuel desearía una economía cuyos intereses no estuviesen unidos a los de la mayor potencia militar del planeta (los buques nunca han avandonado el horizonte veracruzano). El Estado “rooseveltiano” o el Estado nacionalista y popular “cardenista” del imaginario Obradorista pierden capacidad regulatoria (soberanía) con los tratados de libre comercio. Pero la economía mexicana, más que integrada, es ya profundamente dependiente. Haber aprovechado la coyuntura de la re-negociación para abandonar el tratado regional hubiese supuesto una crisis que comprometiera la gobernabilidad y cualquier otro objetivo sexenal. Todos queremos grandes transformaciones sin dolor ni incertidumbre alguna.  “Sin el pueblo nada”.

2) El otro límite son sus convicciones. Y no, para tranquilidad de muchos, para desaliento de otros pocos, no es socialista. Sólo lamento la torpeza de los entrevistadores que jamás le preguntan por sus respuestas a mis preguntas. ¿En tú diagnóstico, la imposibilidad del socialismo es de qué tipo? ¿Qué podemos recuperar para el contexto, y qué como proyecto? Quizá tampoco tenga respuestas. Acaso en las que tenga diferiríamos.

PD. Yo apoyo la gestión de la actual administración pública federal, apoyo al ciudadano Andrés.


IZQUIERDA Y DERECHA PRAGMÁTICA

 11 julio 2020 

Pensemos que una izquierda es pragmática por abstenerse y adecuarse para mantener la gobernabilidad (si ejerce el poder).

Hay que notar que la llamada gobernabilidad es cosa compleja, muchos factores la determinan (el ejercito, la opinión pública, sectores empresariales, intereses extranjeros, medios de comunicación, el contexto mundial, la situación y contexto económico, etc…).

Para los que vivimos algún tramo de la paz post-revoucionaria, la “pax” priísta, la gobernabilidad nos parece tan fácil y gratuita, tan cierta, como nuestra masificada resignación, escepticismo e indiferencia.

No puedo hacer el análisis de esa gobernabilidad, tan fatal, tan petrificada, que nos era invisible.

Pero la gobernabilidad hoy se nos pinta como un equilibrio complejo, dinámico y frágil. Y sin tener diagnóstico claro sobre ello...creo que lo celebro. La gobernabilidad se ha vuelto visible. Y, a pesar de los riesgos, esto significa que se nos vuelven vivas las preguntas por la justificación del poder, se nos vuelven visibles los actores, sus fuerzas, la nuestra… Lo celebro.

*   *   *

Pero este comentario quiere apuntar otra cosa... que los límites de lo factible, de su tensión, son dinámicos. Que lo posible dentro de los márgenes de la gobernabilidad es actualizable.

Una izquierda será pragmática en “mala acepción” si no se propone transformar el escenario de gobernabilidad para que sea factible lo que hoy no.

Personalmente no me causa malestar la idea de una izquierda pragmática en “buena acepción”. Es decir, una izquierda que no renuncia a modificar los equilibrios que vuelvan factibles, en gobernabilidad, mayores y profundos “avances” (lo dejo en esa ambigüedad).

La “derecha” también tiene su pragmatismo. La derecha también cede para sostener la gobernabilidad. En cierto modo, la posición del Presidente es la de ejercer cierta presión “de izquierda” para restringir lo posible (dentro de la gobernabilidad) para una derecha pragmática. Andrés Manuel trata de definir términos para una derecha pragmática. Es un punto de convergencia.

1) ¿Es una derecha pragmática que coopta la creciente presión de izquierda? 2)¿es una izquierda pragmática que redefine términos para la derecha? Yo  pienso que sí a esto último. Pero lo puedo discutir.

*   *   *

Como último comentario… diré que frente a todos los factores que determinan la gobernabilidad, de entre todos, no encuentro uno de mejores expectativas que el de la construcción de una mejor "inteligencia pública". Hablo de hacer de la “opinión pública” algo que más merezca el título de "inteligencia pública". En ella podemos participar todos, y es el soporte último para una gobernabilidad (no el ejercito o ratio regum).


SOCIALISMO Y NATURALEZA HUMANA

 29 junio 2020 

El reto de un socialismo (al menos uno principal) es suplantar el afán de lucro como estructurador y motor  “eficiente” del sistema. Dentro de los ensayos socialistas, el afán de lucro, como oportunismo personal, suele derivar en la corrupción del sistema.

El socialismo requiere ciertas aptitudes éticas que no sé si son más difíciles o si sólo lo parecen por la inmersión en el mundo y cultura en que estamos: aptitudes para reconocer, sin ascos, el interés personal en el social y condenar el despotismo, sobre todo el propio. Y en eso está su desventaja “operacional”, una incompatibilidad cultural.

En cambio, el liberalismo-individualismo-capitalismo nos promete que, siendo los ventajosos-oportunistas-déspotas que fácilmente somos, hacemos bien y conviene a todos…  Es una genialidad, un acomodo que parece armado por la divina providencia.

… yo quería que el texto tuviese otra dirección, yo sólo quería decir por qué personalmente pienso que el socialismo es una consideración válida, y cuáles son los límites dentro de los cuales se podría transitar en su dirección ...pero encuentro la necesidad de considerar el asunto de la “incompatibilidad cultural”.

En grandes rasgos, el problema es el siguiente:

Por una parte... cultura no es naturaleza. Consideramos a la naturaleza como lo que no pude ser de otro modo. A la cultura, en cambio, la consideramos susceptible de algún albedrío, y como algo que puede ser de un modo u otro. Como la cultura es cambiante y variada y en algún grado susceptible de albedrío,  consideramos que cierta “incompatibilidad cultural” puede resolverse.

Por otra parte... la cultura es un continuo con la naturaleza, un continuo sin ruptura: todo fenómeno en que se dispara la variedad cultural tiene un soporte natural (la alimentación, la familia y sociedad, el lenguaje, etc. ). La cultura, por tanto, tiene algunos impulsos, orientaciones y límites naturales, más o menos expresos o velados. No toda opción o solución cultural sería adecuada.

Las preguntas son, claro, 1) ¿la “incompatibilidad cultural” del socialismo se soporta en la “naturaleza humana”?, es decir, ¿el socialismo le está pidiendo peras a los olmos?. Y 2) ¿es el capitalismo el modelo civilizatorio que, respetando la “naturaleza humana”, mejor minimiza los daños o conflictos?

Estas preguntas no son imparciales. Ya suponen las afirmaciones 1) el socialismo es incompatible con la naturaleza humana  y 2) el capitalismo es el modelo que respeta la naturaleza humana minimizando los daños y conflictos.

Yo confieso que quiero responder que “no”: que el socialismo no es incompatible con la naturaleza humana y que el capitalismo no es el modelo que mejor minimiza los daños y conflictos. Sin llegar a decir que el socialismo es fácil e impoluto.

Pero el argumento, al momento, se los debo.

ANARQUISMO O ANTIDESPOTISMO

30 junio 2020 

Amigo Olaf Falaize …

Algunos de mis comentarios recientes han tenido la intención de decir “sí, yo creo que el socialismo es una consideración válida”. Siento la obligación de decirlo abiertamente porque cunde el prejuicio que cancela ya su mera consideración, ...porque, si no lo digo, sería por "pudor", y no por convencerme de su improcedencia.

A la presión social (aun de un segmento de la comunidad más o menos intelectual, y respetable), se suma la dificultad de exponer los términos en que estimamos al socialismo una consideración válida, y los términos en que creemos que puede ser procedente en el contexto. Sustentar esta posición es difícil, pero no inválido. Eso creo y trato.

Digo esto movido por un comentario tuyo, en el que diste un paso más allá y te pronunciaste por la validez del anarquismo. Lo que hoy (y no antes) me hace mucho sentido. Por lo que debiera también adherirme o suscribirlo.

.Me explico: en estos días en que encuentro momentos para ensayar algunos temas… retomé la noción del "despotismo", noción que comprendo de esta simple manera:

[ El despotismo se aproxima a la simbiosis. Es el tipo de relación que establecemos padres con hijos. Es esa voz profunda que emerge de nosotros apenas tengamos capacidad de decidir (conceder o negar) lo que incumbe a otro, lo que sentimos todos apenas tengamos un metro cuadrado de poder: “No te necesito, pero tú a mi sí; en mis manos está hacerte mal, o privarte del bien; pero, como no lo hago, merezco tu lealtad, reconocimiento y subordinación”.

Todos somos unos perdonavidas, apenas podemos. Y es tan arraigado como la paternidad o maternidad misma. Es una cultura tan naturaleza. Y condición natural para la pedagogía y la estructuración social. ]

A este respecto, diría que el capitalismo es una manera de instrumentalizar y racionalizar el despotismo (que se vuelve abstracto y matemático, monetizado). El socialismo tampoco está exento de estructuración despótica... ¿qué organización, qué concurso humano podría estar exento?

Sólo desde una posición ética anarquista, pensada como una posición anti-despótica, es posible...

ACTUALIDAD DEL NACIONALISMO

 12 junio 2020 

Nacionalismo.

La construcción del nacionalismo ha servido para alinear, aglomerar, establecer una lealtad de grupo que compense otras direcciones o intereses perniciosos para... el poder; sea el Estado, el sistema, la colectividad, el tirano, el demagogo, una élite, etc.... Ha sido un instrumento de los proyectos de poder; incluidos los proyectos de poder que etiquetamos como “emancipadores”.

Lealtad de grupo.

Por un lado, personalmente rechazo el valor de la lealtad de grupo. Ya saben: eso de “es amigo Platón pero más amiga la Verdad”. Dede haber criterios o “valores” superiores a la lealtad de grupo (a saber cuáles, ¿inteligencia, verdad, justicia, igualdad, empatía, legalidad, institucionalidad, honestidad...?); y si esos valores se comparten como principio de cohesión del grupo, tanto mejor:

Comunidad de destino.

Rechazo el valor de la lealtad de grupo. Sin embargo, por otro lado, asumo una necesidad de establecer alguna responsabilidad colectiva con un sentido de “comunidad de destino”. Este me parece un componente del “nacionalismo” que lo distingue de otra postura afín que llamaré postura “cívica”.

Postura cívica.

Estoy llamando postura “cívica” a la postura donde la “responsabilidad social o colectiva” no se soporta en una “lealtad de grupo”. La persona cívica se conduce por amor a la inteligencia, a la verdad, a la racionalidad, a la justicia, a la legalidad, a la institucionalidad, a la honestidad, etc., como extensión del  “amor propio”. La persona cívica, por amor propio y en libertad, hace lo correcto o ejemplar.

Comprendo que, si somos un conglomerado de personas “cívicas racionales”, seremos mejor comunidad que si somos “nacionalistas irracionales”. Comprendo que, habiendo territorio y leyes democráticas para el territorio, se precisan buenos ciudadanos y el nacionalismo se nos revela arcaico, primitivo.

Lo primitivo.

Quedará pendiente analizar el significado y valor de lo primitivo. Porque las soluciones “sofisticadas” no necesariamente responden menos a los pulsos primitivos que las soluciones rudimentarias. Por ejemplo, la manera de “hacerse valer” o “anular el desprecio ajeno” hacia nosotros pueden cambiar, pero la primitiva necesidad de valer o hacerse valer persiste. Otra consideración… yo no creo en la eficacia de una “mentada de madre”, pero en cierta circunstancia puedo recurrir a una, sirviendo más que un discurso a la satisfacción de mis “pulsiones” e incluso puede acomodarse mejor a los fines prácticos.

En lo personal, me parece que los nacionalismos sí se alienan con “lo primitivo”; pero pienso que ello no descuenta que los nacionalismos hayan sido y puedan ser, tanto convenientes, como inconvenientes; y no de manera absoluta sino parcialmente, según la situación “histórica” o su lectura.

*   *   *

Dignidad, Identidad, Narrativa.

Hay tres nociones vinculadas a la del nacionalismo cuya consideración o análisis se me ocurren pertinentes: dignidad (orgullo), identidad, narrativa (historia).

Mencionaré lo que me salta a la vista. Luego veré si puedo cerrar la reflexión.

1) Dignidad.

Los nacionalismos suelen construir un sentimiento de “dignidad predeterminada”, predeterminada por la pertenencia de grupo. Lo que llamamos “orgullo” nacional.

Vayan ustedes a saber lo que sea la dignidad, pero todos sabemos a qué sabe, y el amargo de la indignidad también... o sobre todo.

No es tan evidente (como creo debería ser) que no deberíamos fincar la estimación de nuestra persona en la mera pertenencia a un grupo. Y eso es todo un tema, un temazo, temazasazo.

Recuerdo que Aristóteles señala y obvia este problema con aquello de que “es preferible la virtud a la honra” porque la honra es algo que está más en "quien la da" que en "quien la recibe"… y el verdadero bien debe estar en posibilidad de cada persona (piensa optimista). Queremos ser valorados positivamente por los que públicamente se nos presentan mejor valorados, porque queremos que “la honra se nos discierna por nuestra virtud”, piensa Aristóteles.

Cierro este comentario sobre “dignidad” apuntando que el nacionalismo mexicano puede ser exacerbado por su carácter contestatario frente a una discriminación interiorizada, encarnada que nos hace ver aún ”moros con tranchetes” por doquier. Pues así como hay “dignidad predeterminada” también hay "predeterminada invalidación", discriminación, degradación, etc., por pertenencia de grupo.

¿Podemos prescindir de la influencia de este juego tortuoso de la estimación intersubjetiva y de autopercepciones? Creo que afrontar ese juego requiere más que ciencia mucho arte.

2) Identidad.

Sobre  la identidad sólo quiero comentar dos cosa…

i) Pienso que no podemos no tener una de esas rarefactas cosas que llamamos "identidad". Como parte de nuestra identidad acaso podemos insertar “dispositivos” ideológicos de extensión, de apertura y reconsideración. Pero siempre irán a contracorriente de un natural, tácito y dinámico criterio segregacionista.

Por ejemplo… los “universales” oímos música clásica, jazz, bob dilan (ahí les fallo), y si somos latinoamericanos Trova. Porque somos “libres, racionales, críticos y conscientes”, y es la música que pasa los filtros. Nos tomamos fotos de presentación con libreros de fondo… etc. Es una identidad, acaso no nacional, pero es una identidad. Nos imponemos un dispositivo ideológico que nos permite empatizar “en buena onda” con personas de otras “idiosincracias”. Pero si hoy amaneciera y todos se comportaran como “universales”, lo sabemos, muchos sentiríamos el impulso de desmarcarnos. La manera de justificar el deslinde no faltará; pero sobrevive el impulso.

Es fácil ser empáticos y abiertos de manera o condescendiente o aspiracional.

ii) Por otra parte, en esto de la identidad pero volviendo al nacionalismo… ¿Por qué nacionalismos y no simplemente humanismos?

Ciertamente, la “responsabilidad comunitaria” o la construcción de “comunidad de destino” es extensible a la humanidad. Sin embargo, acaso es practicable en límites más modestos.

Por ejemplo… nosotros tenemos la capacidad de tomar partido y modificar las prácticas de convivencia, el discurso público o las leyes mexicanas; pero difícilmente (sólo por “efecto mariposa”) modificaremos la vida pública de Filipinas o Australia.

En este sentido… la pretensión de comunidad universal tendría su prueba en los retos de una concreta aglomeración nacional. ¿Podemos ser un "nosotros"?

3) Narrativa o historia.

Y pienso… me pregunto, si la postura “cívica”, por este rechazo de la noción primitiva de “comunidad de destino” no es un planteamiento un tanto “ahistórico”.

Obviamente estoy suponiendo que la noción de “destino” (que es una "noción” primitiva) es un componente del fenómeno “histórico” general, lo que es un planteamiento problemático pero no impertinente.

Es problemático porque, si suponemos que la historia es una ciencia de hechos, estos hechos pueden ser explicables pero no necesariamente tienen que constituir una narrativa. La reiteración y variación de hechos o procesos históricos puede ser como los síntomas de las patologías psicológicas que, aunque determinan nuestra vida, no conducen a nada y son como un disco rayado.

Sin embargo el tema no se agota ahí. Porque cabe otra consideración, según la cual la historia es un expediente de hechos humanos “expresivos”, en pretensión irrevocable de “tener sentido”; y creo que ese sentido, como el de las palabras, no se completa en el hecho histórico. Siempre decimos más de lo que creemos haber dicho (por fortuna), y así los hechos. Los hechos históricos no solo padecen nuestra interpretación, sino que la requieren. Esta interpretación no se presenta necesariamente como una narrativa, pero el concepto de “proceso”, que conjunta los hechos, no repele las narrativas.

Tengo un recuerdo de un texto de M. Durás pertinente: “La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie.” La construcción de la persona, del “alguien”, está en necesaria rebeldía frente a lo “inconducente”, requiere una narrativa arrancada al caos de las intenciones.

Una narrativa no requiere perfilar un “destino”, pero la voluntad narrativa acaso bebe de la misma fuente primitiva, arcana, que la petición de destino. No lo sé.

...quizá la postura meramente cívica es el destino... ha resuelto los pulsos de lo primitivo, ha hecho exégesis de sus manifestaciones, traducido el grito y el gruñido,  para derivar racionalmente un sistema de conceptos y valores que supera los devaneos históricos (ocasionados por la inconsciencia y torpeza arcaica). Y es acaso cierto, o parcialmente cierto, pero se sale de "la fiesta". Adentro siguen las voces, diciéndose sus odios y amores.

...sé que “ahistórico” tiene hoy connotación de “mala cosa”. Y si digo “el nacionalismo es una posición histórica” estaría diciendo que “el nacionalismo es bueno”. Pero no quiero tener ese alcance.

*   *   *

No concluyo.


VIOLENCIA Y PROYECTO HISTÓRICO

 16 junio 2020 

En algún momento, hace años, llegó a mis oídos el término de “violencia estructural” (de la mano del de "violencia cultural"). Honestamente, no me he ocupado de averiguar su procedencia. Y, aunque algo del término no me agrada, le he reconocido mucha utilidad.

Personalmente, he acabado por usar sólo el término de "violencia estructural" para hablar también de la cultural; y lo empleo para señalar de manera general a la violencia "impersonal"; es decir, a todas aquellas chingaderas por las que difícilmente alguien puede ser señalado responsable.

Es, por ejemplo, el desempleo crónico del que nadie responde; o la solicitud de “buena presentación” para un puesto que la requiere (por costumbre o marketing) y que solapa la discriminación étnica, etc.

Es la violencia que se consolida con la técnica y la costumbre, y se tolera como a la  naturaleza o realidad misma, pero que tiene soporte cultural, es decir en el ámbito del albedrío.

Digo esto porque he estado pensando sobre las lecturas y proyectos históricos ...y creo que, para no quedar en el silencio y empezar por decir algo, me resolvería por articular una lectura de la historia y el proyecto mexicanos sobre la base de esta noción de "violencia estructural".

*   *   *

Yo comprendo que es “de mal gusto” cultivar el “complejo de víctima" que es el complejo nacional. Y mi aspiración de lucir como persona inteligente y madura me pide guardar las apariencias. ...Pero, honestamente creo que la instalación del régimen virreinal sigue explicando, además de la unidad territorial y poblacional, los rasgos más particulares de la violencia estructural mexicana.

En este sentido, contra el buen sentido, creo que la narrativa mexicana no puede abandonar en el territorio de lo trivial al episodio fundacional de las conquistas.

Insisto: México, su concepto o unidad, es un desarrollo del proyecto administrativo, económico y político de la Nueva España.

La violencia estructural novohispana rompió la continuidad de la violencia de los pueblos originarios e instaló la suya. La violencia estructural mexicana comienza su narrativa con ese rapto del orden cósmico (religión, lengua, tierra, memoria, estatus ontológico-antropológico) que fue la invasión europea de mesoamérica; y es hasta nuestros días continua, a pesar de los decretos reformistas y revolucionarios del México independiente.

Me parece necesario reconocer que la violencia propia de los pueblos originarios pudo integrarse parcialmente en el sistema virreinal y pervivir en las costumbres de las comunidades. Pero le apuesto más a la integración de este reconocimiento que a la prohibición de recurrir al sistema virreinal como principio narrativo y explicativo de "la cosa" mexicana.

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Pienso... que la resolución de la violencia estructural mexicana es lo que conviene establecer como vocación histórica. Y con decir “mexicana” no me refiero sólo a los rasgos de su “diferencia específica”, sino también a sus rasgos genéricos. Con nuestras diferencias específicas, estamos inmersos en un modelo civilizatorio más o menos global. El proyecto histórico (pienso) no debería ser otro que asumir la responsabilidad sobre la violencia estructural propia del modelo civilizatorio, sin descuidar del centro la especificidad de la violencia  “mexicana”.

Supongo.


ESPACIO URBANO

 7 junio 2020

En el esquema de pensamiento “urbano”, nos comprendemos como un aglomerado de individuos, inquilinos o propietarios de los espacios, unidos por la demanda servicios públicos y la participación contractual en las actividades económica y el mercado.

En lo inmediato, pensamos todo asunto en términos de contractualidad entre individuos, incluso la relación con el Estado, que en lo inmediato se nos presenta como un empleado “intendente” que cuida la puerta, barre, jardina y repara las fugas de agua.

Cuando pensamos en la articulación del desarrollo económico nacional, una y otra vez nos encontramos con la tensión entre este esquema y otros persistentes en las comunidades menos integradas económicamente.

La integración de una región “no integrada” en el desarrollo nos supone su integración en un mercado y cadena productiva mayores… es decir, externos. Siempre se plantea en términos de “multiplicación” de las relaciones contractuales entre individuos, e “introducción” de inversiones, de nuevos propietarios que establecen relaciones contractuales asimétricas con los pobladores originales.

Esto es lo que duele.

Las consecuencias de esta intervención en los territorios transfigura la experiencia del territorio y la colectividad. Cosas relevantes cambian, como los términos del sentido de pertenencia y de identidad.

*    *    *

Ahora bien... las transformaciones en el sentido de pertenencia y de identidad no son necesariamente negativas. Y hay que decir que son procesos sociales o históricos "naturales". Pero los procesos de "integración" territorial siempre han replicado y enconado nuestro racismo y clasismo fundacional. Debe haber maneras de integración más...


DESARROLLO, SISTEMA Y TREN

 4 junio 2020 

Yo lamento que, al hacer “zoom” en el google maps (visión satelital), los potreros y las manchas urbanas deshagan nuestra ilusión de que “hay selvas”.

Ya está hecho. No tuvimos Texas y California y nos quedó el Sureste como campo de colonización. Muchos se desplazaron en el siglo XX a reclamar sus hectáreas de bosque, rodeando y absorbiendo pueblos originarios (aún así, las condiciones climáticas hacen que los senderos y los potreros se desdibujen bajo la maleza apenas son descuidados; la Selva aún espera regresar).

Uno sueña con que este territorio nacional (1,964,375 km2) lo ocupáramos 2,000,000 de personas, y no 100,000,000; uno sueña con que tuviésemos más terrenos silvestres de los que pudiésemos explotar. Pero no. Hay más manos levantadas para reclamar un terreno silvestre que terrenos silvestres.

Todo terreno “bonito”, biológicamente interesante, nos saca el hambre. Se nos antoja cercarlo y poner, de menos, una cabaña. Un peñón, un arrollo, una arboleda, una playa.  ¡Qué más quisiéramos! Al fin que qué tanto es tantito.

Así llegamos al aterrador espectáculo del zoom del google maps (visión satelital).

Una posición “seria” se propondría hacer retroceder las poblaciones humanas, a través de las generaciones de un par de siglos, para que la vida silvestre recuperara espacio. Es una posición tan seria como la de arrasar la Ciudad de México (lentamente) para corregir su desastre urbanístico.

No podemos ser tan serios... ¿o sí? (yo lo espero).

El Tren Maya y el Ferrocarril del Istmo…Ojalá no fuesen necesarios.

Si sólo fuesen los capitales los apresurados por enriquecerse mediante la devastación de la tierra, no serían necesarios. Pero no es sólo eso, sino que (creo) la mayoría de los pobladores de aquellos parajes democráticos del sureste, no son anticapitalistas.  Y creo que quieren también casas con recamaras individuales, pisos de loseta, televisiones de 40 pulgadas y una camioneta. Creo que, además de servicios públicos, demandan integrarse a una cadena productiva y de consumo en general.

Supongamos que decidimos que el sureste seguirá un modelo de desarrollo estrictamente “sustentable”. ¿no lo hará esto un poco “no-competitivo” en el Mercado? En todo caso, no habría porque exigir eso del Sureste más que del resto del territorio. Pero ¿haríamos a todo el país  “no-competitivo”? Pero… son los pobladores del Sureste quienes atesoran nuestras últimas ilusiones de un paraíso.

En mi opinión, nos estorba la libertad del Mercado. Y el consumismo. Si no quieren, pueden no ser socialistas, pero tendrían que estar contra la libertad del Mercado y contra el consumismo.

Yo temo también que la integración económica reproducirá el patrón escandaloso de desigualdad social (desigualdad que ya hay, pero no es flagrante por la escacez de plazas, pabellones y fraccionamientos)... Pero el tren no es el problema. El problema es que nadie quiere afrontar el problema de la desigualdad con otros métodos que aquellos que la generan.

En mi opinión tendríamos que empezar por ahí. Y si andamos por esa vía, aunque haya Trenes la cosa sería mejor y distinta.

Eso de no querer los trenes es como eso de “si saben como soy, para qué me invitan”. Los trenes no son el problema.


HISTORIA Y SENTIDO DE SERIEDAD

 3 de junio 2020 

Hace unos días, conversando con mi amigo Oscar, pensaba sobre los vínculos entre una narrativa histórica (su derivación en proyecto histórico) y el "sentido de seriedad" de la vida (cierta responsabilidad ética).

Lo mencioné porque ambos consideramos que hay elementos del discurso público Obradorista que, aun con sus claroscuros, son una ganancia importante en este proceso. Ganancias o aportes no definitivos, sino en riesgo de ser desechados por argumentaciones del tipo “la administración falla, luego su discurso público es desechable”. 

Creo que una de estas propuestas curables es “la recuperación de la dimensión ética en la vida política” vinculada muy estrechamente (me parece) a la recuperación de una narrativa histórica. 

Es ingenuo.

Es ingenuo hacer caber la ética en la política. Pero sólo si descontamos la posibilidad de un “sentido de seriedad” de la vida; sentido de seriedad difícil si se carece de una narrativa y proyecto históricos (pues la Historia es la deidad pública que nos queda -o una de pocas). Creo que esto pienso.

¿Qué narrativa, qué función, qué proyecto? Son preguntas que prometen mucha discusión.

Nota: Supongo que la narrativa histórica no es el único modo de sustentar un proyecto común, y una seriedad vital y responsabilidad ética. No lo descuento. Este recurso histórico o narrativo, que estimo legítimo, tiene sus problemas. Pero también tiene algunas ventajas respecto a otros recursos igualmente legítimos (como la religión o la cultura crítica-científica).

MASA IDIOTA Y TOPOLOGÍA

 2 junio 2020 

3

Al fin de los preámbulos...

He comentado anteriormente sobre el problema de la figuración o ideación de una “masa idiota” por parte de las facciones políticas adversarias.

Hay un fondo o razón para creer que hay un conjunto, más o menos amplio, de personas menos aptas para juzgar los asuntos públicos. Pero es el caso que “el conjunto de los idiotas” cambia según la persona que lo concibe. Y es el caso que nadie se considerará a sí mismo dentro de uno.

Hay varias consideraciones que hacer a este respecto. Pero me interesa aquí colocar una rudimentaria tesis o afirmación:

Debilitaremos el recurso de la figuración de la "masa idiota" si construimos una mejor inteligencia pública, es decir, si establecemos "mejores" tópicos, a partir de los cuales... las posiciones en que se sientan representados los adversarios alcancen a explicarse en términos que puedan ser advertidas por los adversarios como validas o inteligentes, por virtud de esa topología compartida.

Esta guerra de invalidaciones, acusa la ausencia de una  “topología” funcional (es redundante decir “común”).

En cualquier democracia, es imprescindible ubicar y establecer ese protocolo de tópicos que permita la inteligencia de las posiciones irreconciliables (que permitirá la negociación sin apresurarse a la  invalidación).

Desde luego, el problema es grande. Pues con el asentamiento de los tópicos cualquiera ve la ocasión de ganar el terreno (como una consecuencia o conclusión de los tópicos). Ya que… ¿qué distinguiría tales tópicos de la ideología?.

Por eso creo que las tristes aporías de nuestra convivencia deberían ser componente central de la topología que sustente toda inteligencia pública.

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2

Preámbulo segundo...

Vuelvo a la Retórica. A diferencia de un planteamiento científico, un planteamiento retórico se consuela con que las premisas de los argumentos sean “aceptables” por la comunidad receptora del discurso.

Las “premisas aceptables” pueden decirse “prejuicios”, “opiniones” o también “tópicos”. Un tópico es la tierra firme del entendimiento público. A partir de ahí cualquier orador se conecta con su auditorio, a partir de ahí es acompañado y puede conducir la opinión.

Todos partimos de tópicos o prejuicios. Pero pueden cambiar dos cosas:

a) Cambian los prejuicios sobre los que partimos y sobre los que nos disponemos a juzgar y comprender lo subsecuente.

b) Cambia la disposición o hábito de advertir y revisar nuestros prejuicios, que puede volverse experiencia transformadora.

*

No encuentro como introducir de manera ágil una importante advertencia... de modo que sólo la suelto:

Un planteamiento retórico y uno científico se comportan distinto respecto al componente de actitudes y valoraciones de nuestros prejuicios. Un planteamiento retórico contempla, parte y se dirige mediante y a través de las valoraciones y actitudes del auditorio, y pretende arribar a un orden de ideas (opinión) también vinculado a valoraciones y actitudes comunes.

Un planteamiento científico, por su parte, no bien sabe qué hacer con este ámbito de valores y actitudes. Lo usa, lo señala, trata de tomar distancia, lo investiga, lo vuelve a usar, etc.

*   *    *

1

Preámbulo primero...

Hay afirmaciones que se ofrecen como “sustento” de otras afirmaciones. A las primeras les llamamos premisas, a las segundas conclusiones. Juntas son un argumento.

Al analizar las afirmaciones y la manera de relacionarse dentro de los argumentos, se advirtieron (Aristóteles) ciertas “formas” argumentales. Y entre esas formas, se ubicaron unas formas falibles (persuasivas pero falases) y otras formas infalibles (por virtud de un principio tan poderoso como ocioso: la identidad).

Distinguimos la validez-invalidez de los argumentos de la verdad-falsedad de nuestras afirmaciones: un argumento es valido si su forma es tal que, si las premisas fuesen verdaderas, es imposible que las conclusiones no fuesen también verdaderas.

Esta lógica (de las formas argumentales válidas) no sirve de manera inmediata para “descubrir" sino para “demostrar” o sustentar.

Las conclusiones de estos argumentos suelen ser más o menos irrelevantes porque la fuerza o validez demostrativa de los argumentos depende de que las afirmaciones que son conclusiones sean ya supuestas en en el conjunto de las afirmaciones que son premisas. De modo que los argumentos válidos vuelven expresa esta suposición (identidad).

Sin embargo, la expresión de los argumentos, el sometimiento de nuestras nociones vagas en estos patrones, nos permite al menos dos importantísimas cosas:

1) Hacer enmiendas o precisiones. Ubicar aquellas expresiones o premisas cuyas consecuencias permiten concluir lo que no queremos o que nos resulta contradictorio con otras premisas que asumimos.

2) Advertir lo que falta, la inexhaustividad. Nos permite advertir lo que no alcanza a derivarse o explicarse por lo que llevamos dicho.

En efecto... al construir un texto, generalmente no enunciamos este tipo de argumentos. Más bien, como un hábito, como un azaroso y recurrente echar la vista a través de nuestras nociones vagas; esta “lógica” nos sugiere correcciones que parcialmente dirigen nuestro discurso,  identificando los “ruidos” y “porosidades” de aquello que estamos dispuestos a decir, revelando nuevos caminos.


HIDALGUÍA Y NACIONALISMO

 2 junio 2020 

Tengo sentimientos encontrados sobre la necesidad de la identidad y narrativa histórica nacionales.

En abrupto resumen:

1) Respecto a las identidades diré que limitan y excluyen... Son su aspecto problemático, negativo.

2) Respecto a los relatos históricos diré que la necesidad de “ser hijo de algo” , de heredar el protagonismo de una épica, esa necesidad de “hidalguía” histórica me es muy sospechosa.

*   *   *

O... ¿Por qué requeriríamos sentirnos herederos de algo para tomarnos en serio la existencia, para hacernos responsables de un proyecto y destino?

Lo mejor, me parece, es partir de la convicción contraria: de que no hay que venir de nada, que nadie requiere ser heredero de ninguna excelencia para tomarse en serio su existencia y hacerse responsable de su lance. Lo mejor sería estar dispuestos a florecer en un horizonte  de siglos desiertos.

Me gusta pensar, de frente a Teotihuacan, no en el valor de los linajes civilizatorios, sino en la libertad y mérito de la bastardía. Prefiero pensar que en cualquier arenal es orquestable el gran acorde.

*   *   *

Creo, sin embargo, que en los anales mexicanos hay suficientes anécdotas seleccionables para elaborar una lectura y relato histórico potentes (y no ingenuo), que sostengan un proyecto histórico "chingón", que aliente nuestro sentido de seriedad y responsabilidad vital, ética, política.

Acaso diría que hay elementos para elaborar un relato que sustente el sentimiento de que “ no somos cualquier pueblo”... pero ese sentimiento me causa rechazo.

Rechazo la persistencia del sentido de hidalguía como fundamento del sentido de seriedad de la vida.

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Por otra parte, no nos engañemos, todo lo grande, como dijo Lizalde, "procede del Odio". Hay mucho dolor y vanidad en los emblemas de la grandeza. El valor de la civilización es cosa aún por excusarse, demostrarse… redimirse.

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Son mis prevenciones al respecto, en abrupto resumen.

¿Acaso estas prevenciones pueden integrarse en "nuestra" identidad y su narrativa?... acaso.

Porque la identidad y el relato serán, son ineludibles, y más vale que convengan.


LA MASA IDIOTA

 29 mayo 2020 

La "masa idiota" valida mediante el instrumento democrático las acciones incorrectas de los asuntos públicos (es una idea  convencional para todas las partes). Y todos nos prefiguramos alguna "masa", acreedora de nuestra velada o expresa virulencia. "El conjunto de los idiotas" tiene diversa extensión (e intensión): distintos tipos de personas parecen pertenecer al conjunto, dependiendo quién lo conciba. Todos tenemos prefigurada alguna "masa" o "conjunto" de idiotas; y nadie se incluirá a sí mismo en ella.

Soy consciente de que engroso el conjunto de los idiotas concebido por muchos conocidos.

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En una narrativa, esta masa es víctima de la manipulación de El Sistema (de los medios de comunicación, de la educación, del sistema jurídico, del poder económico-político, etc). Es la narrativa de “izquierda”.

En otra narrativa, esta masa es víctima del Demagogo, que les descarga de la responsabilidad de sus defectos y les endulza su resentimiento. Es la narrativa de “derecha”.

Yo soy el idiota de la narrativa de derecha. Y “la misma gracia les concedo” desde mi narrativa de izquierda.

Digo esto sin exhaustividad.

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Como contraparte de la figuración de una "masa idiota", está la configuración de una "minoría consciente" dentro de la cuál nos comprendemos.

Todos los que, de cuando en cuando, decimos desde el corazón "¡pinche gente!" nos colocamos en un apartado.

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Yo quisiera decir que... la conformación de "la minoría consciente" (del color que sea) responde primero a una profunda urgencia "psicológica" de quienes nos autocomprendemos así: de alguna vanidad se habrá de vivir, soportar la existencia porosa.

Pero aunque se moderara la urgencia psicológica de establecer minorías, tristemente no podemos conformarnos en la idea de que todos somos igualmente sabios o entendidos en todo.

Ya saben: si todo vale, nada vale. Si todos somos ya sabios, la inteligencia y el conocimiento dejan de tener sentido.

Es necesario que haya peor y mejor entendimiento sobre los diversos asuntos. Y habrá que discutir esos términos.

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Supongo que... el primer reto es lograr que esa cosa rara que nombramos “dignidad” no se juegue con las discriminaciones "intelectuales" (cosa bien harto difícil).

...Uno "piensa bien" a veces y a veces no. Todos pensamos bien a veces y a veces no.

Lo curioso es que, de actos azarosos y peregrinos como el pensamiento, nos apresuremos a juzgar una "sustancia" del agente. Lo curioso es que, de la discriminación de actos intelectuales, nos apresuramos a discriminar la sustancia de las personas: su validez, su dignidad, y su autoridad.

Eso es tan amenazante...


RETÓRICA Y MÉTODO

 24 mayo 2020 

Cuando en una discusión con mi amigo Guillermo me vi diciendo que “la política debe usar a la retórica incluso como método de investigación” me supe cruzando una línea antes para mi impensable.

¿La ciencia en manos de la retórica?

Acaso no debería sorprenderme, si llevo rato defendiendo la necesidad del demagogo.

En todo caso, debo admitir que estas dos afirmaciones bastan para que otro piense, con razón que comparto, que soy caso perdido.

Como sea, tengo un vago convencimiento sobre estas afirmaciones, que me obliga a investigarme, excusarme y volverme transparente lo más que pueda.

¿Qué se me estaba ocurriendo cuando dije que la retórica podía ser método de investigación?

Lo inmediato es que, como si se tratara de una vara horqueta para buscar agua subterránea, la voluntad de persuadir (o la impotencia al respecto) nos puede orientar hacia los lugares dónde hay que investigar. La retórica no suple la investigación, pero si nos marca lugares de investigación pertinente; en la suposición de que ahí habrá un puente, y que donde hay un puente hay alguna "verdad".

También puedo haber querido decir que… no se debería emprender una reflexión o investigación desde una “verdad” privada o sectaria, ni conviene seguir adelante sin investigar aquellos lugares (criterios) dónde advertimos que nos dividimos.

*   *   *

No quiero... haber querido decir... que hemos de subordinar la investigación a la necesidad de dar apariencia de ciencia a nuestro prejuicio; esto que reconocemos como “ideología”.

*   *   *

Aunque... esta confusión y enmascaramiento (la apariencia científica de nuestro prejuicio), sin proponérnoslo, sucede y sucederá.

Recuerdo que escribí alguna vez, respecto al método poético del Creacionismo (Huidobro), que para éste "lo primero primero es dar un paso, pero antes antes meterse el pie": es la única manera de desandar la vía trillada de "hablar del mundo", de dejar de cantar a la rosa para que florezca en el poema.

Y sólo así, de manera semejante, nos curamos un poco de hacer ideología grosera; sospechando de cualquier impulso.

Pienso, de hecho, que no puede haber investigación sobre política que no se emprenda desde la ideología o transite por ella.

*   *   *

Pienso ahora… en los derechos humanos… esa rara convención... ¿no son ideología? Decir que sí (como me lo parece ) no debería amenazarlos o hacernos desistir de discutirlos con seriedad "científica".

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… ¿hay ciencia política que no sea ideológica?

Si digo (como quiero decirlo) que toda ciencia política es ideológica, seguiré necesitando un criterio paralelo; pues... la ciencia ha de ser ideológica en un sentido; porque la ideología no es científica en otro sentido.

Lo diré así: a la ciencia política no le falta nada para ser ideología, pero a la ideología si le falta algo para ser ciencia.

El carácter ideológico de la ciencia estriba en que esta contemplará algún valor sobre el que se toma decisión o alternativa (siendo tomada esta decisión según un criterio que nos parece satisfactorio, acaso científico). El carácter ideológico está en la "decisión" sobre un valor, no en lo "insatisfactorio" de esta decisión.

Pienso que... un componente de cualquier ciencia política será cierta teoría del valor , muy velada o muy expresa. Y si al valor lo unificas, (me parece) harás ideología; y si “lo dejas libre”, admites ideologías. Puede ser.

Acaso lo neutral sea la admisión de la validez de las ideologías, la plurivalencia. Y lo objetivo sean los criterios de disensión, y los márgenes de negociación entre ellas.

Y así vengo a excusarme de que la retórica pueda ser método. Somos terribles.


LÓGICA DE LA DESBANDADA

 23 mayo 2020 

Yo no sé de retórica pero la advierto. Mi criterio para hablar de “retórica” es el que comprendí lejanamente en el estudio del debate de Platón con la sofística, y en algún asomo a Aristóteles (seguramente pero no recuerdo). La retórica es un... carácter de... los discursos que... no privilegia o persigue a la ciencia o a la verdad, sino a la persuasión. Y punto; en estos términos hablo de “retórica”.

Ya se advierte el problema: que “verdad” y persuasión, aunque disociados, se implican. En el fondo no se nos ocurren cosas más persuasivas que la “verdad” (la verdad ha de ser persuasiva), de modo que todo lo que estimamos “verdad” es cosa de la que no podemos sino estar persuadidos.

No nos hundiremos en el problema. Pero basta apuntar algunas cosas:

1) En un punto la verdad y la persuasión siguen “hábitos” distintos según “criterios” distintos (pensemos pues que la ciencia es un “hábito persuasivo”, que sigue especiales criterios).

1.1) La Ciencia advierte e invalida ciertos hábitos o criterios persuasivos (más persuasivos acaso que los que se constituyen como su metodología)… lo cuales quedan en el territorio exclusivo de la retórica, como dimensiones y “recursos” suyos.

1.2) El proceso de definición de los hábitos y criterios científicos, de la conducta metodológica científica (en el sentido más amplio), es otra “cosa muy interesante”, es la mitad de lo que se dice filosofía, que no abundare porque no puedo.

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Este preámbulo…

Yo quería hablar de algo que llamo la “lógica de la desbandada”  (sigo pensando en política nacional).

Hablo de esa incapacidad para admitir un fallo o contradicción de mi posición política, de sus actores principales, o de mi comunidad “militante”... porque estamos en el supuesto de que basta un fallo para desarticular mi posición entera. Es esa certeza y temor de que, si algo cae, ocurrirá el derrumbe y la desbandada.

Eso del lado del “defensor”, porque del lado del atacante, la misma cosa va así: yo señalo de la facción opositora algo que me parece evidentemente insostenible; y espero (en mis fantasías) que el integrante de la facción opositora caiga de rodillas avergonzado o se vaya a esconder a donde no vuelva a poner cara a nada ni nadie.

Hay una coincidencia de ambas facciones en esto. Ambas facciones abusamos, somos incisivos con este complejo y acaso primitivo recurso que luce estéril en varios sentidos.

PRIMERO, porque no veo a muchos retractados en ambos bandos, no veo ninguna “desbandada”. Y me parece que este “recurso” más funciona para alimentar la certeza o confianza al interior de cada grupo.

Advierto, no obstante… que hay un terreno de “indecisos” que sí van acercándose tímidamente, lentamente (por virtud de este “ataque en la lógica de provocar la desbandada”), hacia el interior de un grupo en el que se sientan más… ¿más cómodos, más identificados,  menos indignados, menos timados (menos pendejeados),...?

SEGUNDO, porque no veo la necesidad de desmontar una posición política o el apoyo a un proyecto concreto, por uno, dos o más fallos. Es decir... entramos en el debate de cuántos fallos, de qué tipo, y qué alternativas hay. Porque es razonable que el militante de una facción haga su balance de pros y contras, tanto de una posición o discurso político, como del proyecto concreto.  Y esto ya supone la discusión sobre si el fallo es admisible para el militante de la otra facción como “un fallo”; si es un desacuerdo “de principios” (no puedo acusar a un gato de maullar; puedo discutir la conveniencia de tener gatos o de tener perros, pero no discutiré que el gato maúlle) o una noticia “manipulada”. En fin, que la cosa no es tan simple y mecánica como parece se piensa: no ocurre que por “cantarle en su cara” un error al adversario este se ponga en fuga derrotado.

Y, en TERCER lugar, es estéril porque, por picada de orgullo, cancelamos la posibilidad del diálogo (suena cursi).

CONCLUYO: esta “lógica” de la desbandada… como le llamo… sirve para acomodar indecisos en donde se sientan menos pendejeados, y para mantener la autoconfianza dentro del grupo. Y poco más.


DEMOCRACIA Y GUERRA

 21 mayo 2020 

Aceptar que nuestra posición política es abiertamente polémica significa que entendemos que el otro no puede y acaso no podrá estar de acuerdo conmigo. Y viceversa.

Este reconocimiento evita partir del principio de que el adversario es tonto o malvado. Partimos de que es otro, y de que su circunstancia, su historia, su proyecto o espectativa puede no coindidir y puede oponerse a lo mio, y “razonablemente”.

¿A qué conduce este reconocimiento?

En parte, a aceptar que no podemos hablar, legítimamente, por todos.

En la misma dirección, un poco más allá (y me parece más importante), nos invita a  repensar el valor y función de la democracia, a desmitificarla y superar los malentendidos derivados de su común hipocresía... permitiendo arribar a discusiones  más “auténticas”, más “conducentes”, menos estériles.

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Partamos del reconocimiento de que la democracia puede perjudicarnos y puede no servirnos.

Ante un caso así, el movimiento “natural” es 1) convencer a la mayoría de su error o de su injusticia, 2) si no podemos convencer a la mayoría, nos basta manipularla, 3) si no podemos manipularla podemos invalidar su voluntad y blindar la democracia (corromperla, cooptarla); 4) si no podemos blindar la democracia, entonces la rompemos.

Cuando la democracia nos perjudica, fácilmente seguiremos esa ruta y difícilmente pensaremos que 0) “puede que sea justo”.

La democracia tiene que servir; tan es así que, al transgredirla, fingimos “ponerla a salvo” sólo porque su apariencia “nos sirve” para estabilizar (validar) nuestra hegemonía. La apariencia democrática aleja la frontera de la guerra, la validez de su opción, la guerra que está de fondo...

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Sólo de frente a la guerra, sólo pensando en la guerra, el “frustrado” tolera los extremos perjuicios de la democracia u otro orden civil; sólo pensando en la guerra, el “agraciado” concede tanto como los frustrados requieran para preferir la paz.

La guerra, ese todo o nada, está en el fondo, inextinta. La democracia es un ideal alto; la guerra es la verdad profunda (lo diré guiado por un “gusto” cursi, casi musical).

La democracia es el instrumento de paz mejor elaborado que tenemos (mejor que la abierta y tenaz subyugación armada): sólo porque es, al mismo tiempo, el más sofisticado aparato de dominación y la vía más estable de emancipación. La guerra sigue adentro, difícilmente reconocible como la gema dentro del caleidoscopio.

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¿Y de qué sirve pensarlo?

No quiero decir, no quiero concluir que las armas (la sangre y el temor) deberían estar sobre la mesa, para la mejor inteligencia de la democracia.

Lo que importa decir o concluir es que la democracia es respetable o soportable por la concreción de una mínima base de acuerdos sin los cuales la democracia “deja de valernos” (si no es para fingirla, blindarla y desarmar a la oposición).

¿Cuál es esa base mínima de acuerdos? Ese es el debate. Esta base de acuerdos es “flotante”.

Las “conquistas” de un sector de otro tiempo pueden serle ya insuficientes, o pueden ser amenazadas. Algo tolerado hoy puede no serlo mañana, y algo intolerable hoy podrá ser tolerable mañana...

Esta base mínima, y no la estupidez o maldad ajena, es lo que se debe discutir. Eso sirve y es mejor.

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Un acuerdo básico es la esperanza o posibilidad de arribar al poder, o la factibilidad del “des-blindamiento” de  la democracia.

(Pausa, luego termino y corrijo…. )


RELACIÓN DESPÓTICA

 20 mayo 2020 

Como estudiante de filosofía, nunca fui un pensador político. La filosofía política me pareció siempre un apartado menor, detrás de la ética y más atrás aun de la epistemología y la metafísica. Y al cabo, lo sigo creyendo.

Estimo que la filosofía política no es la filosofía; aunque bien consiento en que la política es uno de los primeros apartados que se atraviesan o merecen ser pensados desde los hábitos críticos ganados en otras consideración más… (no encuentro la palabra irreprochable).

Traigo este cuento porque, queriendo tener un diagnóstico de los malentendidos del pleito político nacional, y de mi posición en este; vine a recordar  un ensayo que presenté para la única clase obligatoria de filosofía política del plan curricular, un reflexión libre (sin temor de aparato crítico, pero detenida y honesta) que una finada profesora tuvo a bien solicitarnos.

Como mis preocupaciones de entonces eran éticas, elaboré una consideración en la que me inclinaba a entender al poder político como una consecuencia de cierto despliegue de la empatía y del valor. En suma, consideraba en ese ensayo tres estadios de relación humana: simbiótica, despótica, polémica.

1) Simbiótica.

No sé si cité a Cervantes, o si sólo estaba en mi cabeza aquel discurso a los cabreros: “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”.

Este estadio dorado, alegórico, es la simbiosis. En él, nuestros destinos, o nuestra tendencia a la realización de un valor, coinciden sin excluirse. Podemos comulgar. La justicia busca reconstituir este estado mítico, como mustio remiendo... y remedo.

3) Polémica.

El tercer estadio, el polémico, menos saliva requiere para ilustrarlo. El valor está disociado. Nuestros destinos, nuestros caminos de realización de valores, se oponen y excluyen.

2) Despótica.

Pero el que me importa para entender el mundo, según este rudimentario modelo, es ese estadio segundo o intermedio: el despótico. El despotismo se aproxima a la simbiosis, y es el tipo de relación que establecemos padres con hijos. Es esa voz profunda que emerge de nosotros apenas tengamos capacidad de decidir lo que incumbe a otro, lo que sentimos todos apenas tengamos un metro cuadrado de poder:  “No te necesito, pero tú a mi sí; en mis manos está hacerte mal, o privarte del bien; pero, como no lo hago, merezco tu lealtad, reconocimiento y subordinación”.

Todos somos unos perdonavidas, apenas podemos. Y es tan arraigado como la paternidad o maternidad misma. Es una cultura tan naturaleza. Y condición natural para la pedagogía y la estructuración social.

En fin… que me interesa, para pensar el momento nacional, un carácter de esa noción de despotismo: el despotismo tiende a eludir el estado polémico confundiendo el bien común (disociado) y fingiendo la simbiósis. Al menos así justifica su arbitrio o arbitrariedad.

Hay una disputa actual, claro, en torno al bien común. Ambos bandos negamos ser polémicos y afirmamos procurar ese destino unificado del bien común.

Yo no estaba pensando esto ayer…

En días anteriores, en los ratos que uno piensa, pensaba sobre un problema que es el único punto de acuerdo entre facciones, para todos evidente, que permanece como fondo de las discusiones, un problema obvio de la democracia. Al grano: que las personas podemos ser ineptas (sea lo que “inepto” signifique); pero que, como mayoría, podemos permitir o validar acciones políticas incorrectas (sea lo que “incorrecto” signifique).

Frente a esta obviedad, como papa caliente, precipitadamente se adoptan al menos dos posiciones, diría que relatos o narrativas contrarias, y que nos identifican como grupo.

Y me acordé de esa noción de "despotismo"...

...porque tendemos a creernos minoría objetiva y racional frente a una masa idiota, y rehuimos hacernos responsables de tan problemática idea, muy ad hoc de nuestra naturaleza despótica.

Y porque no aceptamos (difícilmente) que hemos tomado e impuesto una decisión política abiertamente polémica.

Toda inteligencia de las facciones urdirá  la falsa simbiosis y disimulará la polémica. "Deberías estar de acuerdo conmigo (si no fueses idiota) y no sería contrario a tu interés", pensamos, decimos, juzgamos.


PROPIEDAD TERRITORIAL

 27 abril 2020 

Borré mi anterior comentario por ineficiente y confuso.

Yo quería pensar como funcionaba esa analogía entre las fronteras nacionales y las puertas de la casa, el argumento de que los inmigrantes eran como intrusos en tu casa,  porque me parece una imagen muy efectiva, poderosa para validar la criminalización, la xenofobia y restricción de los derechos humanos de los migrantes. Es un argumento fácil y contundente, pues a nadie agrada un intruso en casa.

Lo primero que se me ocurría, era analizar lo común entre la frontera nacional y la puerta de la casa, es decir, la propiedad; colectiva la una, individual la otra, pero propiedad.

Este movimiento no es ventajoso, pues si ya es difícil que alguien admita intrusos en casa, menos aun querrá repensar su propiedad.

Lo habitual, frente al muro, no es analizar su propiedad, sino dar la vuelta y ampararse en otras reivindicaciones tan poderosas como la propiedad misma: por ejemplo, la solidaridad universal o los derechos humanos. Llevando la discusión a este plano hay mejores posibilidades de emparejar la disputa. Pero aún así la discusión está quebrada.

Atorado en esto, me llamó la atención una noción recurrente a la hora de justificar la propiedad, sea colectiva o individual: la noción de RESPONSABILIDAD.

La fuerza y la costumbre bastan para establecer cierto derecho de propiedad, pero cuando la propiedad quiere reivindicarse fuera de este pertrecho, cuando se moraliza excusando su derecho, suele recurrir a la noción de “responsabilidad”.

Así, respecto a la propiedad territorial de los estados, se dice que cada colectivo humano es RESPONSABLE de organizarse y administrar sus recursos para generar sus satisfactores. La inmigración es resultado de la IRRESPONSABILIDAD del colectivo migrante, y descompensa la economía del colectivo local; por lo que esta es injusta.

Respecto a la propiedad privada, se dice que si cualquiera puede acceder a un bien, sin que medie acto económico privado en que directamente lo gane, la RESPONSABILIDAD personal se diluye. Ya sabemos eso de que “el socialismo crea IRRESPONSABLES dispuestos a usufructuar bienes que no ganaron, destruyendo el orden económico y civil”.

Responsabilidad, responsabilidad, responsabilidad.

En este punto, advierto un argumento profundo, el argumento que coloca a la propiedad como principio civilizatorio. El hato de nociones es muy compacto: propiedad, responsabilidad, civilización.

La propiedad parece fundamental para la racionalidad (proporcionalidad) administrativa o económica; si analizamos la actividad económica en términos contractuales (cargo y abono entre individuos). La civilización, entonces, parece soportarse en esta racionalidad contractual, por la que dos o más personas se favorecen sin matarse, fundando la ciudad. La responsabilidad del propietario supone el respeto de esta contractualidad, de las reglas del juego, y es principio del orden civil.

Si cuestionamos el resultado del juego, del libre ejercicio de las relaciones contractuales, si cuestionamos la riqueza de unos, como horda bárbara vulneramos la civilización.

Este orden de ideas me parece una abusiva pero eficaz simplificación.

Me parece claro que no podemos pensar civilización, ni justicia, sin un principio responsabilidad personal o colectiva. Lo que dudo es que la contractualidad y, por tanto, la responsabilidad se agoten en ese modelo caricaturizado de un stickman truecando con otro stickman los frutos de su trabajo. Este modelo simplificado de responsabilidad civil valida un complejo aparato de exclusión.

Ahora, si desde este punto vuelvo la vista al problema de los derechos migratorios; aún no sé como deshacer la confianza, por parte de los miembros de un colectivo, en su derecho a discriminar… Aquí el modelo simplificado consiste en imaginar un conjunto de colectivos viviendo cada cuál  en una ecoesfera aislada y en frágil equilibrio interno. Cada colectividad, responsable de su ecoesfera, tiene lo que merece.  Esta es la idea simplificada.

Resta por pensar, pero hasta aquí pongo punto a este comentario.


OTRA NOTA SOBRE CIVILIZACIÓN

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