12 junio 2020
Nacionalismo.
La construcción del nacionalismo ha servido para alinear, aglomerar, establecer una lealtad de grupo que compense otras direcciones o intereses perniciosos para... el poder; sea el Estado, el sistema, la colectividad, el tirano, el demagogo, una élite, etc.... Ha sido un instrumento de los proyectos de poder; incluidos los proyectos de poder que etiquetamos como “emancipadores”.
Lealtad de grupo.
Por un lado, personalmente rechazo el valor de la lealtad de grupo. Ya saben: eso de “es amigo Platón pero más amiga la Verdad”. Dede haber criterios o “valores” superiores a la lealtad de grupo (a saber cuáles, ¿inteligencia, verdad, justicia, igualdad, empatía, legalidad, institucionalidad, honestidad...?); y si esos valores se comparten como principio de cohesión del grupo, tanto mejor:
Comunidad de destino.
Rechazo el valor de la lealtad de grupo. Sin embargo, por otro lado, asumo una necesidad de establecer alguna responsabilidad colectiva con un sentido de “comunidad de destino”. Este me parece un componente del “nacionalismo” que lo distingue de otra postura afín que llamaré postura “cívica”.
Postura cívica.
Estoy llamando postura “cívica” a la postura donde la “responsabilidad social o colectiva” no se soporta en una “lealtad de grupo”. La persona cívica se conduce por amor a la inteligencia, a la verdad, a la racionalidad, a la justicia, a la legalidad, a la institucionalidad, a la honestidad, etc., como extensión del “amor propio”. La persona cívica, por amor propio y en libertad, hace lo correcto o ejemplar.
Comprendo que, si somos un conglomerado de personas “cívicas racionales”, seremos mejor comunidad que si somos “nacionalistas irracionales”. Comprendo que, habiendo territorio y leyes democráticas para el territorio, se precisan buenos ciudadanos y el nacionalismo se nos revela arcaico, primitivo.
Lo primitivo.
Quedará pendiente analizar el significado y valor de lo primitivo. Porque las soluciones “sofisticadas” no necesariamente responden menos a los pulsos primitivos que las soluciones rudimentarias. Por ejemplo, la manera de “hacerse valer” o “anular el desprecio ajeno” hacia nosotros pueden cambiar, pero la primitiva necesidad de valer o hacerse valer persiste. Otra consideración… yo no creo en la eficacia de una “mentada de madre”, pero en cierta circunstancia puedo recurrir a una, sirviendo más que un discurso a la satisfacción de mis “pulsiones” e incluso puede acomodarse mejor a los fines prácticos.
En lo personal, me parece que los nacionalismos sí se alienan con “lo primitivo”; pero pienso que ello no descuenta que los nacionalismos hayan sido y puedan ser, tanto convenientes, como inconvenientes; y no de manera absoluta sino parcialmente, según la situación “histórica” o su lectura.
* * *
Dignidad, Identidad, Narrativa.
Hay tres nociones vinculadas a la del nacionalismo cuya consideración o análisis se me ocurren pertinentes: dignidad (orgullo), identidad, narrativa (historia).
Mencionaré lo que me salta a la vista. Luego veré si puedo cerrar la reflexión.
1) Dignidad.
Los nacionalismos suelen construir un sentimiento de “dignidad predeterminada”, predeterminada por la pertenencia de grupo. Lo que llamamos “orgullo” nacional.
Vayan ustedes a saber lo que sea la dignidad, pero todos sabemos a qué sabe, y el amargo de la indignidad también... o sobre todo.
No es tan evidente (como creo debería ser) que no deberíamos fincar la estimación de nuestra persona en la mera pertenencia a un grupo. Y eso es todo un tema, un temazo, temazasazo.
Recuerdo que Aristóteles señala y obvia este problema con aquello de que “es preferible la virtud a la honra” porque la honra es algo que está más en "quien la da" que en "quien la recibe"… y el verdadero bien debe estar en posibilidad de cada persona (piensa optimista). Queremos ser valorados positivamente por los que públicamente se nos presentan mejor valorados, porque queremos que “la honra se nos discierna por nuestra virtud”, piensa Aristóteles.
Cierro este comentario sobre “dignidad” apuntando que el nacionalismo mexicano puede ser exacerbado por su carácter contestatario frente a una discriminación interiorizada, encarnada que nos hace ver aún ”moros con tranchetes” por doquier. Pues así como hay “dignidad predeterminada” también hay "predeterminada invalidación", discriminación, degradación, etc., por pertenencia de grupo.
¿Podemos prescindir de la influencia de este juego tortuoso de la estimación intersubjetiva y de autopercepciones? Creo que afrontar ese juego requiere más que ciencia mucho arte.
2) Identidad.
Sobre la identidad sólo quiero comentar dos cosa…
i) Pienso que no podemos no tener una de esas rarefactas cosas que llamamos "identidad". Como parte de nuestra identidad acaso podemos insertar “dispositivos” ideológicos de extensión, de apertura y reconsideración. Pero siempre irán a contracorriente de un natural, tácito y dinámico criterio segregacionista.
Por ejemplo… los “universales” oímos música clásica, jazz, bob dilan (ahí les fallo), y si somos latinoamericanos Trova. Porque somos “libres, racionales, críticos y conscientes”, y es la música que pasa los filtros. Nos tomamos fotos de presentación con libreros de fondo… etc. Es una identidad, acaso no nacional, pero es una identidad. Nos imponemos un dispositivo ideológico que nos permite empatizar “en buena onda” con personas de otras “idiosincracias”. Pero si hoy amaneciera y todos se comportaran como “universales”, lo sabemos, muchos sentiríamos el impulso de desmarcarnos. La manera de justificar el deslinde no faltará; pero sobrevive el impulso.
Es fácil ser empáticos y abiertos de manera o condescendiente o aspiracional.
ii) Por otra parte, en esto de la identidad pero volviendo al nacionalismo… ¿Por qué nacionalismos y no simplemente humanismos?
Ciertamente, la “responsabilidad comunitaria” o la construcción de “comunidad de destino” es extensible a la humanidad. Sin embargo, acaso es practicable en límites más modestos.
Por ejemplo… nosotros tenemos la capacidad de tomar partido y modificar las prácticas de convivencia, el discurso público o las leyes mexicanas; pero difícilmente (sólo por “efecto mariposa”) modificaremos la vida pública de Filipinas o Australia.
En este sentido… la pretensión de comunidad universal tendría su prueba en los retos de una concreta aglomeración nacional. ¿Podemos ser un "nosotros"?
3) Narrativa o historia.
Y pienso… me pregunto, si la postura “cívica”, por este rechazo de la noción primitiva de “comunidad de destino” no es un planteamiento un tanto “ahistórico”.
Obviamente estoy suponiendo que la noción de “destino” (que es una "noción” primitiva) es un componente del fenómeno “histórico” general, lo que es un planteamiento problemático pero no impertinente.
Es problemático porque, si suponemos que la historia es una ciencia de hechos, estos hechos pueden ser explicables pero no necesariamente tienen que constituir una narrativa. La reiteración y variación de hechos o procesos históricos puede ser como los síntomas de las patologías psicológicas que, aunque determinan nuestra vida, no conducen a nada y son como un disco rayado.
Sin embargo el tema no se agota ahí. Porque cabe otra consideración, según la cual la historia es un expediente de hechos humanos “expresivos”, en pretensión irrevocable de “tener sentido”; y creo que ese sentido, como el de las palabras, no se completa en el hecho histórico. Siempre decimos más de lo que creemos haber dicho (por fortuna), y así los hechos. Los hechos históricos no solo padecen nuestra interpretación, sino que la requieren. Esta interpretación no se presenta necesariamente como una narrativa, pero el concepto de “proceso”, que conjunta los hechos, no repele las narrativas.
Tengo un recuerdo de un texto de M. Durás pertinente: “La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie.” La construcción de la persona, del “alguien”, está en necesaria rebeldía frente a lo “inconducente”, requiere una narrativa arrancada al caos de las intenciones.
Una narrativa no requiere perfilar un “destino”, pero la voluntad narrativa acaso bebe de la misma fuente primitiva, arcana, que la petición de destino. No lo sé.
...quizá la postura meramente cívica es el destino... ha resuelto los pulsos de lo primitivo, ha hecho exégesis de sus manifestaciones, traducido el grito y el gruñido, para derivar racionalmente un sistema de conceptos y valores que supera los devaneos históricos (ocasionados por la inconsciencia y torpeza arcaica). Y es acaso cierto, o parcialmente cierto, pero se sale de "la fiesta". Adentro siguen las voces, diciéndose sus odios y amores.
...sé que “ahistórico” tiene hoy connotación de “mala cosa”. Y si digo “el nacionalismo es una posición histórica” estaría diciendo que “el nacionalismo es bueno”. Pero no quiero tener ese alcance.
* * *
No concluyo.